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| Revista de la Federación Andaluza de Montañismo | |||
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Collado Sur Edición
nº 8
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Recuperando
paisajes perdidos: "un Veleta limpio"
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Una
cita clásica decía que "lo que vemos no es lo que vemos,
sino lo que somos". Esta frase encierra un mensaje importante, una
reflexión sobre nuestra responsabilidad ante la naturaleza, que
no podemos obviar. Las montañas que nos rodean surgieron muy lejanas en el tiempo como consecuencia de descomunales empujes geológicos. Durante millones de años la tectónica, el clima, la vegetación y la fauna fueron configurando, lentamente, el paisaje. El hombre se incorporó a estas variables moduladoras hace apenas unos pocos miles de años, pero su capacidad de alteración se ha manifestado de forma creciente hasta alcanzar niveles de intervención de enorme magnitud, en algunas zonas, en los últimos decenios. Fruto de esta interacción hombre-naturaleza podemos decir que nuestro paisaje, nuestras montañas son en gran medida, como se decía en la cita, reflejo de nuestra actitud hacia ellas. En
Sierra Nevada se ha producido una intensa y prolongada relación
entre el hombre y el medio. Es difícil erigirse en juez y dictar
sentencia definiendo aciertos y errores, cuestión que, realmente,
solo depende del libre parecer de la mayoría, frente a la tiranía
ocasional de quienes defienden las posturas más extremas. En cualquier
caso, de un desapasionado y sencillo análisis histórico
del siglo pasado, podemos sacar algunas conclusiones interesantes. Durante
décadas la sierra ha sido objeto de una cierta colonización
de infraestructuras, de un avance de los elementos urbanos que alcanzaron
inexorablemente la zona de altas cumbres. Esta etapa obedece al afán
de las generaciones de mitad de siglo por "dominar" la naturaleza,
por llegar cada vez más lejos, cada vez más alto con objetivos
económicos, científicos, Estamos,
por tanto, frente a una nueva etapa impulsada por una nueva mentalidad
colectiva mayoritaria. El dibujo de la sierra que se plasma ante este
cambio de actitud, supone la preservación de las cumbres de manera
que se evite el deterioro por elementos artificiales. Es más, la
apuesta es clara y decidida por reparar viejos daños para devolver
a la alta montaña mediterránea la grandiosidad de aquellas
áreas que perdieron su naturalidad. Por debajo de este estrato
superior aparece uno intermedio donde se considera factible un cierto
grado de actuación que garantice, no obstante, la calidad de los
sistemas naturales y de los paisajes humanizados. Finalmente se aprecia
un escalón inferior con un predominio de espacios transformados
dedicados mayoritariamente a aprovechamientos intensivos y a zonas urbanas. Este planteamiento general, que parece suficientemente juicioso y mesurado, no está exento de controversia cuando llega la puesta en práctica, ya que inevitablemente implica aceptar ciertas limitaciones para devolver a las altas cumbres los valores intemporales que le son propios. Supone en esencia, que las cimas deben ganarse con esfuerzo. Con un esfuerzo que hace grande a la montaña y que dignifica al que la respeta. Esto, que encaja perfectamente con el espíritu montañero, no constituye bajo ningún concepto solo un argumento deportivo; obedece, más profundamente, a razones éticas y culturales. Ahora, más que nunca, es necesaria la aportación de todos (colectivos e instituciones) en un ejercicio, nunca fácil, de civismo y generosidad, de renuncia expresa a comodidades y a la capacidad de tecnificación.. Un ejercicio de moderación aplicado, al menos, en estos pequeños espacios que la voluntad popular ha decidido catalogar con altas figuras de protección. Al fin y al cabo el esfuerzo físico, la calma, la contemplación del paisaje natural, el sentimiento de los lugares indómitos, son también necesidades humanas. En un entorno donde hay lugar para otras muchas actividades, no parece disparatado salvaguardar un espacio tan majestuoso, que es capaz de empequeñecer y hacer humilde al hombre que se acerca a él. Estas montañas lo merecen, y nosotros también. En este contexto se sitúa el Proyecto de Restauración Paisajística de las Altas Cumbres de Sierra Nevada, promovido por el Parque Nacional e informado favorablemente por los órganos consultivos de participación ciudadana. Se trata de la puesta en marcha (primera fase) de un conjunto de actuaciones que son mucho más que unas sencillas obras de un expediente administrativo de inversión. Tienen un carácter simbólico y definen claramente el criterio de gestión del espacio, retomando el camino marcado, justo es decirlo, por muchas personas que, luchando para que nuestras montañas no quedaran desvirtuadas, propiciaron el inicio del cambio.
Javier Sanchez (Director del Parque Nacional de Sierra Nevada) |
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