COLLADO SUR
REVISTA PERIÓDICA DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE MONTAÑISMO

REVISTA 18
I Trimestre de 2004

EXPEDICIÓN AL NEVADO PISCO

Portada
Editorial

La EAAM

Área de Seguridad y Socorro Montaña
Escuela de Escalada
Jorn. Andaluzas de Medicina Montaña
Área Travesías de Resistencia
V Travesía R. Sierra de Gador
VI Travesía R. Sierra Morena
V Duatlon Montaña Club Mulhacén
VII Trofeo Esqui Alpinismo Ragua
Esquí en el Guadarrama
Andalucía k2- 2004 50 Aniversario
La nieve deslumbrante
Excursión por Europa
Proyecto SIETE CUMBRES
Elecciones FAM 2004
Expedición al Nevado Pisco
Noticias Varias
Colaboradores
 

Este verano pasado ,o sea en el verano del 2003, viajamos al Perú concretamente a la Cordillera Blanca con intención de hacer varios nevados. Pero la falta de preparación física, experiencia y problemas de salud de algunos de los miembros del grupo acarreó que solamente pudiéramos ascender al Nevado Pisco.
Este nevado de 5732 m, muy frecuentado por montañeros para aclimatar y entrenar está situado en el macizo de Huandoy y fue ascendido por primera vez en 1951 por C. Kojan, G.Kojan, R.Leininger y M. Lenoir., no presenta grandes problemas técnicos y si la suerte te acompaña el día de la ascensión y el tiempo ,es bueno, su situación te permite disfrutar de unas vistas impresionantes sobre los nevados próximos: Los Huandoys, Pirámide, Chacraraju, Yanapacha, Chopicalqui y Huascarán. Además dispone de un refugio en su proximidades (Refugio Perú 4765 m.) que dispone de un buen servicio de comidas e incluso agua caliente a un precio razonable, lo cual posibilita una ascensión rápida y con poco peso.
Desde Huaraz y en furgoneta nos dirigimos hacia Yungay, donde nos impresiona la visión del campo santo bajo la mole del Huascaran y nuestras mentes reproducen aquella fatídica mañana del 31 de Mayo del año 1970, en la que Yungay fue sepultada por una avalancha de lodo y piedras procedentes de un gran desprendimiento de las paredes del Huascaran, debido a un terremoto.
Allí la carretera se desvía y ascendiendo hacia la quebrada de Yanganuco, pasando por debajo de la impresionante pared norte del Huascaran y disfrutando de la bella imagen de las lagunas Chinancocha y Orgoncocha, un poco mas arriba termina nuestro viaje en coche, concretamente en Cebollapampa ( 3100 m.), hermoso valle glaciar por donde discurre el río Ranrahirca adornado de bosques de Quenual con su roja y descarnada corteza. En sus prados pacen tranquilas las vacas, siendo el sonido de sus cencerros el único ruido que rompe el silencio de la quebrada. Por encima de nuestras cabezas asoman imponentes el Chacraraju y el Chopicalqui, mientras el atardecer tiñe de naranja primero y luego de violeta sus afiladas aristas nevadas.
La noche se presenta espléndida, ni una sola nube y en la madrugada lucen radiantes la Cruz del Sur, Escorpio, Altaír, Vega y Deneb, la Luna es acompañada por un próximo y rojizo Marte. En la jornada siguiente ascendemos los 700 m. que nos separan del Refugio Perú, situado en la morrena del glaciar. La senda asciende directa y rápida por un espolón sorteando bloques que en algunos casos están acompañados de quenuales, en tres horas llegamos al campo base situado frente a una morrena dominada por las cumbres de los Huandoys y el Pisco y sobre una gran roca está situado el Refugio Perú. Montamos el campamento en el valle, donde ya están instaladas algunas tiendas. Por su orientación a partir de las cinco y media de la tarde ya estamos en sombra y el cambio de temperatura se hace notar, así como la ausencia de los grandes tábanos que nos han castigado durante toda la ascensión. Durante el día y la noche, a intervalos, grandes chasquidos acompañados de estruendos anuncian avalanchas procedentes de los picos circundantes.
Lo habitual es seguir y montar el campamento base pasado el glaciar, en la morrena opuesta, pero hemos decidido montarlo aquí para aclimatar un poco más. Al día siguiente realizamos los 400 m de desnivel que nos separan del auténtico campo base, recorrido tortuoso por un caos de grandes bloques sueltos que es lo que queda del antiguo glaciar, de hecho es comentado por los guías el gran retroceso que han sufrido todos los glaciares de los Andes en los últimos quince años.
Tenemos suerte de que el pequeño campo base está vacío, ya que en él apenas caben cuatro tiendas. Nos acostamos temprano y a las 3:30 horas de la madrugada nos levantamos. A las 5:00 horas y bajo la luz de la luna comenzamos la ascensión por rampas de tierra congeladas que no son nada cómodas con las botas de plástico . Avanzamos despacio ya que el más joven de la expedición comienza a tener frío. Tras colocarnos los crampones y encordarnos, ascendemos las primeras rampas de hielo y el camino se hace más cómodo, las paradas se suceden y en el collado a 5.200 m., tras una larga espera, dos de los componentes deciden retirarse. Yo, debido al continuo cambio de ritmo, estoy algo desanimado y a punto de desistir, pero reacciono y decido continuar.
La ruta cada vez está más empinada, sorteamos grandes grietas y un par de muros, el viento nos golpea con fuertes ráfagas y el recién llegado sol nos ayuda a que sea más llevadera la ascensión, conforme ascendemos cuesta más trabajo, de cincuenta pasos continuos pasamos a treinta, y después a quince.
A las 11:00 horas y bajo un día espléndido sin una sola nube, llegamos a su plana y ancha cumbre y todo esfuerzo ha merecido la pena, el impresionante Chacraraju está al alcance de la mano, los Huandoys se ven en su conjunto, hacia el oeste los Nevados Pirámide y Alpamayo, hacia el este los Nevados Yanapacha, Chopicalqui y Huascarán cierran este precioso panorama, que hacen del Pisco un mirador sin parangón dentro de la Cordillera Blanca. El viento ha remitido un poco y tras las fotos de rigor comenzamos el descenso, tras dos horas y sin ningún incidente llegamos al campamento de la morrena, y tras descansar desmontamos el campamento. Resulta agotador volver a atravesar con las botas de plástico la morrena y el antiguo glaciar, que es un auténtico caos de bloques, caen grandes piedras.
Una ducha de agua caliente y una cerveza en el Refugio Perú resultan gratificantes. El día siguiente descendimos a Cebollapampa, donde la contratada furgoneta nos recogió y nos llevó a Huaraz.

Angel Fernández Saura

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