Este
verano pasado ,o sea en el verano del 2003, viajamos al Perú
concretamente a la Cordillera Blanca con intención de hacer
varios nevados. Pero la falta de preparación física,
experiencia y problemas de salud de algunos de los miembros del
grupo acarreó que solamente pudiéramos ascender
al Nevado Pisco.
Este nevado de 5732 m, muy frecuentado por
montañeros para aclimatar y entrenar está situado
en el macizo de Huandoy y fue ascendido por primera vez en 1951
por C. Kojan, G.Kojan, R.Leininger y M. Lenoir., no presenta grandes
problemas técnicos y si la suerte te acompaña el
día de la ascensión y el tiempo ,es bueno, su situación
te permite disfrutar de unas vistas impresionantes sobre los nevados
próximos: Los Huandoys, Pirámide, Chacraraju, Yanapacha,
Chopicalqui y Huascarán. Además dispone de un refugio
en su proximidades (Refugio Perú 4765 m.) que dispone de
un buen servicio de comidas e incluso agua caliente a un precio
razonable, lo cual posibilita una ascensión rápida
y con poco peso.
Desde Huaraz y en furgoneta nos dirigimos
hacia Yungay, donde nos impresiona la visión del campo
santo bajo la mole del Huascaran y nuestras mentes reproducen
aquella fatídica mañana del 31 de Mayo del año
1970, en la que Yungay fue sepultada por una avalancha de lodo
y piedras procedentes de un gran desprendimiento de las paredes
del Huascaran, debido a un terremoto.
Allí la carretera se desvía
y ascendiendo hacia la quebrada de Yanganuco, pasando por debajo
de la impresionante pared norte del Huascaran y disfrutando de
la bella imagen de las lagunas Chinancocha y Orgoncocha, un poco
mas arriba termina nuestro viaje en coche, concretamente en Cebollapampa
( 3100 m.), hermoso valle glaciar por donde discurre el río
Ranrahirca adornado de bosques de Quenual con su roja y descarnada
corteza. En sus prados pacen tranquilas las vacas, siendo el sonido
de sus cencerros el único ruido que rompe el silencio de
la quebrada. Por encima de nuestras cabezas asoman imponentes
el Chacraraju y el Chopicalqui, mientras el atardecer tiñe
de naranja primero y luego de violeta sus afiladas aristas nevadas.
La noche se presenta espléndida,
ni una sola nube y en la madrugada lucen radiantes la Cruz del
Sur, Escorpio, Altaír, Vega y Deneb, la Luna es acompañada
por un próximo y rojizo Marte. En la jornada siguiente
ascendemos los 700 m. que nos separan del Refugio Perú,
situado en la morrena del glaciar. La senda asciende directa y
rápida por un espolón sorteando bloques que en algunos
casos están acompañados de quenuales, en tres horas
llegamos al campo base situado frente a una morrena dominada por
las cumbres de los Huandoys y el Pisco y sobre una gran roca está
situado el Refugio Perú.
Montamos el campamento en el valle, donde ya están instaladas
algunas tiendas. Por su orientación a partir de las cinco
y media de la tarde ya estamos en sombra y el cambio de temperatura
se hace notar, así como la ausencia de los grandes tábanos
que nos han castigado durante toda la ascensión. Durante
el día y la noche, a intervalos, grandes chasquidos acompañados
de estruendos anuncian avalanchas procedentes de los picos circundantes.
Lo habitual es seguir y montar el campamento
base pasado el glaciar, en la morrena opuesta, pero hemos decidido
montarlo aquí para aclimatar un poco más. Al día
siguiente realizamos los 400 m de desnivel que nos separan del
auténtico campo base, recorrido tortuoso por un caos de
grandes bloques sueltos que es lo que queda del antiguo glaciar,
de hecho es comentado por los guías el gran retroceso que
han sufrido todos los glaciares de los Andes en los últimos
quince años.
Tenemos suerte de que el pequeño
campo base está vacío, ya que en él apenas
caben cuatro tiendas. Nos acostamos temprano y a las 3:30 horas
de la madrugada nos levantamos. A las 5:00 horas y bajo la luz
de la luna comenzamos la ascensión por rampas de tierra
congeladas que no son nada cómodas con las botas de plástico
. Avanzamos despacio ya que el más
joven de la expedición comienza a tener frío. Tras
colocarnos los crampones y encordarnos, ascendemos las primeras
rampas de hielo y el camino se hace más cómodo,
las paradas se suceden y en el collado a 5.200 m., tras una larga
espera, dos de los componentes deciden retirarse. Yo, debido al
continuo cambio de ritmo, estoy algo desanimado y a punto de desistir,
pero reacciono y decido continuar.
La ruta cada vez está más
empinada, sorteamos grandes grietas y un par de muros, el viento
nos golpea con fuertes ráfagas y el recién llegado
sol nos ayuda a que sea más llevadera la ascensión,
conforme ascendemos cuesta más trabajo, de cincuenta pasos
continuos pasamos a treinta, y después a quince.
A las 11:00 horas y bajo un día espléndido
sin una sola nube, llegamos a su plana y ancha cumbre y todo esfuerzo
ha merecido la pena, el impresionante Chacraraju está al
alcance de la mano, los Huandoys se ven en su conjunto, hacia
el oeste los Nevados Pirámide y Alpamayo, hacia el este
los Nevados Yanapacha, Chopicalqui y Huascarán cierran
este precioso panorama, que hacen del Pisco un mirador sin parangón
dentro de la Cordillera Blanca. El viento ha remitido un poco
y tras las fotos de rigor comenzamos el descenso, tras dos horas
y sin ningún incidente llegamos al campamento de la morrena,
y tras descansar desmontamos el campamento.
Resulta
agotador volver a atravesar con las botas de plástico la
morrena y el antiguo glaciar, que es un auténtico caos
de bloques, caen grandes piedras.
Una ducha de agua caliente y una cerveza
en el Refugio Perú resultan gratificantes. El día
siguiente descendimos a Cebollapampa, donde la contratada furgoneta
nos recogió y nos llevó a Huaraz.