“Y
miro la silueta azul del Guadarrama”
C.A. Pérez de Tudela
No
es muy fácil que los montañeros andaluces visitemos
el Guadarrama, pues existe un mal concepto, sobre sus cumbres.
Nos creemos que son muy frecuentadas, cuando no es para tanto,
a pesar de su cercanía de Madrid, existiendo gran cantidad
de bellos parajes a conocer o de paredes para escalar. En otras
ocasiones cuando se dispone de unas fechas se apura para ir
a los Picos o a Pirineos.
Así
me dispuse a conocer esta zona, para ello usamos un amplio “puente”
que coincidía con la fiesta de la comunidad andaluza,
y que en Madrid no era fiesta a fin de evitar que la aglomeración
fuera muy grande. Ya en otros años había andado
por estas cumbres, subiendo al Peñalara en un fin de
año: todo un espléndido regalo de navidad, había
mucha nieve y el peligro más grande se concentró
en la circulación para acceder al puerto de Cotos.
Lo
que por fin nos decidió a desplazarnos a la zona, fue
que en la información sobre el estado de las pistas de
esquí, daban dos metros de espesor en Valdesquí,
contigua al puerto de Cotos, donde previamente hicimos una reserva
en el Albergue del C.A.E., que ahora depende de la comunidad
de Madrid, a donde llegamos la tarde de un jueves. También
llevamos la fotocopia de una reseña publicada en Desnivel,
en un número especial de esquí de travesía.
Dedicamos una jornada a conocer esta estación
de esquí, cosa que fue muy satisfactorio, no había
mucha gente y el día era espléndido.
Coincidimos con un curso de esquí
de travesía del I.N.E.F., que muy hospitalarios nos dejaron
asistir a una conferencia y a la proyección de dos vídeos(Patrulla
de los glaciares y otro de A. Tomico sobre Pirineos).
Al
día siguiente muy temprano, pero no lo necesario ya que
esperamos a que nos pusieran el desayuno, dejamos el coche en
el aparcamiento de la Venta Arias y nos fuimos para arriba,
colocándonos las tablas en cosa de 15 minutos. Luego
fuimos foqueando hasta llegar a Guadarramillas (2.180 m) en
donde coincidimos con una pista de descenso. A poco vimos aparecer
las antenas de la Bola del Mundo (2.262 m). Allí hicimos
la primera quitada de pieles y bajamos hasta el collado de la
Maliciosa. A continuación comenzamos a subir a esta cima,
que se hizo breve pero empinada llegando hasta todo lo alto
con los esquís puestos. Hicimos un descanso en lo alto,
y contamos con la breve presencia del Director Gral de Tráfico,
del que sabíamos de sus correrías montañeras,
que nos dijo Hola; desapareciendo rápidamente esquiando
hacia en arroyo de la Condesa. Desde la misma cumbre salimos
esquiando, con una nieve perfecta, que será siempre para
nosotros un buen recuerdo el descenso de esta cima. Tras algún
alto, y ver hacia donde conviene ir cruzamos por la nieve un
arroyo, para luego entre piornos y nieve pasar el arroyo de
la Condesa.
Volvimos
a colocar las pieles, y comenzamos a subir. No lo he comentado
pero con nosotros viene un joven madrileño, Alberto,
al que fácilmente mi compañero y yo doblamos en
edad, pero su compañía es agradable. La subida
al Valmartín se hizo un poco de rogar, además
las pieles comenzaron a sufrir el cambio de estado de la nieve
y no pegaban bien. A nuestra derecha quedan las Cabezas de Hierro.
Cuando la subida finaliza vemos que las “Cabezas”
quedan lejos, a parte de que a un tramo le falta nieve. Por
otra parte conviene no llegar muy fatigados al descenso del
“tubo” de arroyo Frío.
Quitamos
las pieles un tanto “desgraciadas” y descendemos
un tramo para volver a foquear hasta la parte alta de la loma
del Noruego. Sobre unas piedras guardamos las pieles, imaginando
un gran descenso por este tubo. Los primeros giros son un poco
contenidos, luego perdemos cota con rapidez, pasamos varias
zonas estrecha, y llegamos al bosque que resulta bueno de esquiar.
Más abajo se ve la carretera que une Cotos con Navacerrada,
mientras esquiamos cómodamente. En el asfalto nos quitamos
las tablas marchando hacia Navacerrada, saboreando un hermoso
pinar nevado, poco después nos despedimos de nuestro
amigo.
Al
día siguiente antes de iniciar el regreso hacia el sur
nos detenemos con el coche por el valle de Lozoya, admirando
los rincones tan bellos que el Guadarrama presenta, disparando
muchas fotografías.
Manuel Gil Monreal