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Lunes,
14 de julio de 2003. Llevamos más de un mes en el K2. Después
de dos semanas sólos en la montaña y unos resultados excelentes
en el trabajo de apertura y equipamiento del espolón de los Abruzzos,
nos asalta un cierto desánimo. Las condiciones meteorológicas
reinantes en el último periodo y la falta de cooperación
de las expediciones que han ido llegando, comienzan a hacer mella. Nos
sentimos orgullosos del trabajo realizado a pesar del susto que provocó
la rotura de dos cuerdas fijas antiguas en el primer descenso del campo
II.
Podemos percibir claramente como somos el referente de los grupos que
pretenden escalar este año el K2, pero, sinceramente, esperábamos
mayor colaboración para afrontar el complicado tramo que resta
hasta el campo III. Aunque esto no nos importe demasiado por la actitud
que mantenemos y por lo que supone de reconocimiento y halago, se hace
duro comprobar que el peso real de la escalada permanece sobre nuestras
espaldas. Tan solo el apoyo de una expedición comercial suiza hace
que podamos tener cierto alivio. Pero el tiempo pasa rápidamente
y nuestra previsión de estancia en la montaña se agota….
Todo comenzó en otoño del 2001, cuando
la Federación Andaluza de Montañismo aprobó el proyecto
y la Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía,
a través de la empresa pública Deporte Andaluz, decidió
patrocinarlo. Han sido casi dos años de planificación, organización
y preparación física para tener nuestra oportunidad en la
“montaña de las montañas”.
Llegamos a Islamabad el 19 de mayo. Pakistán,
como otros muchos países del “mundo menos favorecido”
es una incógnita desde que aterrizas. La programación occidental
no sirve, el tiempo corre de otra manera, los servicios son, en muchos
casos, precarios o inexistentes y las infraestructuras muy rudimentarias.
Aquí el dilema es espabilar o perderse en las circunstancias. Las
cosas son así y esto, no sin cierto atractivo, forma parte de la
aventura. La necesidad nos guió por el buen camino y después
de resolver los trámites propios del permiso de expedición
con el gobierno Pakistaní y de recepcionar los cargos aéreos
enviados desde Andalucía y Nepal con diversos materiales, superamos
el difícil reto de viajar, con todo nuestro pesado y voluminoso
equipaje, a la pequeña población de Skardu, capital del
Baltistán, a orillas del río Indo y al pié del Karakorum.
Desde Skardu parten los trekkings y expediciones
que quieren internarse en el glaciar Baltoro, a la búsqueda de
algunas de las montañas más grandiosas y abruptas del planeta.
Primero hay que recorrer en vehículo todo terreno una pista infernal
en la que no sabes que puede suceder en el vadeo del siguiente río
y en la que aprecias como la geología es activa a tiempo real en
esta cordillera tan joven. Tras esta prueba contra el miedo, se inicia
la marcha de aproximación a pié, que suele llevar una semana
hasta el Campo Base. Toda la magia del Karakorum está representada
en esta marcha, desde los paisajes desérticos de Bardumal a las
interminables “jorobas” de hielo y piedras del glaciar, pasando
por las vertiginosas paredes de granito y los fabulosos y resplandecientes
cortinajes de nieve. El destello final está marcado por la inmensidad
de “Concordia”, lugar de encuentro de los dos ramales superiores
del Baltoro, y por la imagen irreal de la gran pirámide del K2.
Alcanzamos el Campo Base, a 4.950 m. de altura,
el 5 de junio. “Solo” restaba una travesía por el glaciar
Godwin Austen, incluyendo el laberinto de grietas y seracs de su cascada
de hielo, y 3.500 m. de desnivel del empinado Espolón de los Abruzzos.
Una vía que aúna, como pocas en la tierra, dificultad técnica,
longitud, altitud y exposición al mal tiempo. Para nosotros algo
así como seis caras norte de la Alcazaba, una encima de otra, en
un medio mucho más hostil que nuestra entrañable Sierra
Nevada.
Descubrir el itinerario a través de la cascada
de hielo hasta el Campo Base Avanzado fue gratificante, pero afrontar
sólos el espolón durante los primeros días de escalada
fue un lujo. Un lujo desgraciadamente impropio de nuestros tiempos. La
vía nos sorprendió a todos. Sabíamos que era complicada,
pero no imaginábamos que no daba la más mínima tregua.
Una sucesión continua de fuertes pendientes de nieve, estrechos
corredores helados, tramos mixtos y resaltes verticales de roca llevaban
hasta la cota 6.500. Escalada apasionante sin descanso. Tanto es así
que no encontramos buenos emplazamientos para las tiendas. Los dos primeros
campos de altura los situamos en pequeñas plataformas a base de
trabajar con palas y piolets.
Instalamos la primera tienda de Campo II el 17 de
junio. A partir de aquí se multiplicaron los problemas. Las lesiones
de Fernando y Salazar por las caídas en la bajada, la falta de
empuje de otras expediciones encargadas de tomar el testigo y el mal tiempo
persistente hicieron que en 20 días no avanzáramos en la
ruta. Tan solo pudimos completar y mejorar el equipamiento de este primer
tramo del espolón, ultimar el abastecimiento de los dos campamentos
existentes y trasladar parte de la carga prevista para los otros dos pendientes
de montar.
Martes,
15 de julio. Llegan nuevas previsiones meteorológicas confirmadas
por distintas fuentes. ¡Vamos a disponer de una ventana de buen
tiempo de cinco días! Comprendemos rápidamente que es nuestra
oportunidad. Analizamos la situación y Lolo, jefe de expedición,
asume una difícil decisión. Cuatro de nosotros, Amparo,
Jorge, Juanjo y yo, formaremos un primer grupo para escalar la pirámide
negra y montar Campo III y los otros cuatro, Fernando, Morales, Salazar
y el propio Lolo, integrarán un grupo de relevo para instalar Campo
IV y, posteriormente, “llegar lo más arriba posible”…..
El cambio de tiempo se retrasó, pero nuestro
empeño nos llevó a superar etapas. La primera, explosiva,
desde el Base hasta el Campo II. La segunda, de resistencia frente a la
ventisca en este Campo II y la tercera, de coraje ante la tormenta, para
alcanzar el Campo III. El tránsito por la pirámide negra
fue durísimo, tan exigente como lo anterior, pero mereció
la pena. El camino estaba abierto.
El segundo grupo tuvo que realizar un esfuerzo agotador
para llegar a Campo III, ya que el peso a transportar en las mochilas
se multiplicó al fallar un porteador de altura. Sin embargo, con
unas condiciones meteorológicas ya favorables, la determinación
colectiva pudo resolver el contratiempo. El trayecto hasta el “hombro”
no comportaba grandes dificultades, pero la altitud y la carga eran poderosos
factores limitantes. De nuevo el trabajo en equipo ofreció una
alternativa. Dos alpinistas se sacrificarían en mayor medida con
el porteo y los otros dos reservarían fuerzas para intentar la
cumbre. Lolo y Salazar tomaron las mochilas más pesadas propiciando
que pudiera montarse el Campo IV y que los compañeros tuvieran
la gran oportunidad.
En el Base estábamos convencidos del éxito:
el tiempo permanecía estable, el equipo suizo colaboraba de forma
activa y la salud de Fernando y Morales era buena. Confiábamos
en su resistencia para soportar, según cálculos de expediciones
precedentes, unas doce horas de ascenso final a una media de 50-60 m/hora.
En la hoja de ruta una dificultad técnica reseñable, el
cuello de botella y la travesía bajo el gran serac, un corto tramo
de unos 100 m. de longitud situado a unos 8.200 m. de altura.
La tarde del 20 de julio fue corta para los dos
escaladores. Pasadas las 20:00 horas comenzaron los preparativos. A las
22:30 salieron de la tienda. Todo se desarrollaba con normalidad en una
noche muy fría con la que cualquier alpinista soñaría.
Las condiciones de la nieve en el hombro eran sorprendentemente buenas.
Al llegar al cuello de botella la pendiente se acentuó considerablemente.
Nieve dura “a punta de crampón” hacía presagiar
lo mejor. Pero el K2 encierra muchas sorpresas. Bajo el gran serac, menos
extraplomado esta temporada por un desprendimiento del año anterior,
la nieve cedió paso al hielo. Hielo vivo en el que no clavan las
herramientas. Una travesía a 60º por una inesperada “plancha
de acero”. En alpinismo el impulso y la renuncia están íntimamente
ligados. La frontera es, a veces, difusa, pero en distinguirla te va la
vida. Fernando y Manolo tomaron la mejor decisión, bajar, a la
vista de las dificultades y del material de progresión y equipamiento
disponible en ese momento. La desgracia vino después, cuando un
miembro de la expedición suiza perdió la vida al resbalar
en el pasaje clave y caer más de doscientos metros.
Los días finales de expedición estuvieron
marcados por el mal tiempo. Un segundo intento de Andalucía K2
se quedó en Campo III por las intensas tormentas que descargaban
sobre la montaña. Posteriormente hemos sabido que un grupo Kazajo
con destacados himalayistas y con material expresamente preparado para
la ocasión, no pudo superar la travesía.
No se asciende al K2 desde el año 2000. La cumbre sigue ahí,
para seguir soñando.
Javier Sánchez Gutiérrez
Miembro de la expedición ANDALUCIA K2
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