Dos
montañeros del club Mulhacén (Jorge Vázquez
y Javier Vera), partimos desde Sevilla en coche con la intención
de llegar a los Alpes en dos días. El tres de agosto estábamos
en St. Gervais dónde unos amigos nuestros tienen una casa.
St Gervais es un pueblo pequeño a pocos kilómetros
de Chamonix, metido en un valle rodeado de bosques de abetos,
alerces, abedules,... tanta variedad de árboles como tonalidades
de verde se puedan apreciar, y dónde la nieve queda lejos
en las cumbres
El mismo día que llegamos estaba
lloviendo, y el día siguiente continuó igual durante
toda la mañana. Nos informamos a través del servicio
meteorológico que por la tarde mejoraría y que se
mantendría así hasta la mañana del día
siguiente. Rápidamente improvisamos alguna actividad que
nos permitiese disfrutar de esa mejoría y también
nos sirviese de aclimatación. Salimos en coche hacia Contamines,
pueblo que está al fondo del mismo valle que St. Servias,
y dejamos el coche al inicio del sendero que conduce al refugio
de Tre-la-Tete. El refugio está a 1960m de altitud y el
desnivel que hicimos fue de 800m, todo lo rápido que pudimos
para llegar antes de las 19.00h y poder cenar. Es un refugio privado,
y no hay descuento con la tarjeta federativa, pero se come muy
bien y las camas son cómodas. Al día siguiente partimos
a las 5.00h después de desayunar. Nuestro destino era un
pico fácil, "Berengere" de 3425m, lo que suponía
un desnivel de 1465m. Hasta las 6.00h fuimos con los frontales
encendidos, luego avanzamos sobre un glaciar mezcla de hielo y
piedras que nada tiene que ver su aspecto con el que presenta
en invierno todo cubierto de nieve.
Media
hora por el glaciar y se abandona éste por el lado izquierdo
buscando los hitos que marcan el camino hacia el refugio nuevo
de Conscrite. El camino a este segundo refugio es muy empinado,
hay incluso una cadena que sirve de pasamanos para ayudarse. Pasamos
por delante del refugio sin detenernos, y desde allí hasta
la cumbre fue todo andando por pendiente continua con nieve recién
caída y poco profunda. Al final un pequeño resalte
de roca pero muy fácil y estábamos en la cumbre
a las 9.30h, después de cuatro horas y media en total.
Una vez allí aprovechamos para comer y disfrutar de las
vistas, sobre todo del Mont Blanc, que desde allí se ve
muy cerca y en su vertiente italiana. Luego empezamos a bajar
tranquilamente, pero poco a poco tuvimos que acelerar la marcha
pues como habían anunciado el cielo se iba volviendo cada
vez más gris y no había muchas ganas de mojarse.
El día siguiente 6 de agosto, lo
aprovechamos para descansar y hacer algunas compras, no había
más remedio pues continuaba lloviendo. Para el día
8 de agosto anunciaron sol para toda la mañana y la tarde,
así que el día 7 de agosto cogimos el coche y lo
dejamos en Chamonix, allí cogimos el autobús para
cruzar por el túnel del Mont Blanc y nos dejó al
pie del teleférico que sube al refugio de Torino. El autobús
es más barato que cruzar con el coche y además tiene
preferencia sobre estos. Nuestra intención era hacer desde
allí la arista Kuffner al Mont Maudit, pero en el refugio
nos informaron los guardas que había más de cincuenta
centímetros de nieve recién caída, muy pesado
para ir abriendo huella entre dos hasta la arista, y peligroso
en las zonas de mayor pendiente, así que nuevamente tuvimos
que buscar otro plan. La alternativa fue la arista Rochefort hasta
la antecima de 3933m, y así con la decisión tomada
nos fuimos primero a cenar y luego a dormir.
A las 5.40h de la mañana siguiente
estábamos ya andando sobre la nieve en dirección
al Diente del Gigante. A pesar de lo temprano de la hora éramos
de los últimos en salir, y veíamos numerosos grupos
que llevaban nuestra misma dirección. Desde el refugio
hay que andar por el glaciar una hora aproximadamente, sin apenas
desnivel hasta una pala de nieve de cien metros y 45º . Una
vez arriba de la pala hay que trepar por una zona de roca fácil
de unos doscientos metros de desnivel. Después de horas
desde el refugio estábamos arriba y aquí se separaron
los grupos que iban a escalar el Diente del Gigante, los que íbamos
a la arista de Rochefort, y los que simplemente llegaban hasta
aquí.
Subimos un desnivel de veinte metros más en dirección
a la arista junto con dos grupos más. Después de
este corto repecho llegamos a un punto donde se ve la arista en
toda su longitud, y la sensación que nos produjo fue de
ser mucho más aérea de lo esperado. Presentaba un
perfil de continuas subidas y bajadas, muy afilado, sin huella
y con una longitud aproximada de doscientos cincuenta metros.
Al principio comenzamos despacio, y poco a poco fuimos ganando
confianza aunque sin perder nunca la concentración para
no dar ningún traspié. Llegamos a la antecima a
las 9.00h., todavía era temprano así que continuamos
un poco más hasta la base de la Aguja de Rochefort, y una
vez allí paramos para comer, beber y hacer fotos del valle
blanco, aunque en verano no se ve tan blanco.
Los días siguientes los pasamos haciendo
turismo por los alrededores y esperando a que el tiempo mejorara,
y por fin lo hizo. El día 14 de agosto, salimos temprano
con el propósito por segunda vez, de hacer la arista Kuffner.
Aparcamos el coche en el arcén de la carretera antes de
llegar a Chamonix, desde allí fuimos andando con todo el
equipo a la telecabina de la Aguille du Midi. Más de una
hora en la cola para comprar los tickets, y cuando por fin los
tenemos nuestro turno de cabina no sale hasta las 16.30h. Paciencia
y a esperar haciendo cálculos de cuanto podemos tardar,
una vez arriba, en llegar andando por el glaciar hasta el refugio
de Torino, y si llegaríamos a tiempo de la cena que era
lo importante. Hubo suerte y sin más contratiempos y marcha
rápida llegamos a las 19.00h, y en esta ocasión
había bastante más gente que la primera vez que
subimos hacía ya una semana. Después de la cena
informamos en el refugio de lo que íbamos a hacer al día
siguiente, y preguntamos la hora conveniente para salir. Nada
menos que a las 2.00h había que levantarse y antes de las
3.00h estar en marcha. Cuando sonó el despertador a esa
hora, la primera tentación es la de apagarlo y seguir durmiendo,
pero poco a poco nos fuimos levantando, vistiendo, miramos por
la ventana a ver si de verdad el tiempo estaba bueno, y ya en
el desayuno sintiendo un poco los nervios, pues por fin íbamos
el objetivo principal por el que habíamos venido este verano
a los Alpes.
Desayunando a esa hora estábamos dos ingleses que también
iban a la Kuffner y nosotros. Salimos a las 3.00h, con los frontales
encendidos, íbamos siguiendo la huella por la que el día
anterior habíamos venido desde la Aguille du Midi. No hacía
viento y el cielo estaba completamente despejado, andando sentíamos
calor, de modo que paramos un par de veces para quitarnos algo
de ropa. Llegamos a las 4.30h. a la base del corredor que sube
a la arista. Una vez allí nos pusimos el casco, subimos
hasta el escalón que provoca una grieta en la base del
corredor. El corredor tiene 60º y 100m de desnivel, y una
vez arriba se bordean unas rocas por la derecha, veinte metros
a media ladera, y luego continúa por nieve en una especie
de corredor chimenea que se va convirtiendo en arista. Aquí
paramos para hacer algunas fotos, pues ya empezábamos a
tener luz suficiente, y aprovechar para mirar hacia arriba y ver
cómo continuaba la vía y su dificultad. Seguimos
por la arista que se va haciendo más fina pero que va perdiendo
pendiente e incluso desciende un poco hasta llegar al pie de L'Androsance,
un gran muro rocoso que bordeamos por la izquierda, zona mixta
de hielo y roca por la que se avanza a media ladera unos veinte
y cinco metros hasta llegar a un paso clave en roca, pero donde
hay una cinta para asegurarse. Después del paso clave se
termina en otro corredor mixto de treinta metros hasta llegar
a la arista de nieve que retomamos otra vez. La vía continúa
alternando corredores de nieve, zonas mixtas y aristas de nieve
muy aéreas, hasta llegar por fin al hombro del Mont Maudit
después de ochocientos metros de desnivel. Una vez allí
se puede dar por finalizada la vía, pues se podría
empezar a bajar hacia el Mont Blanc de Tacul, pero faltaría
la satisfacción final que produce pisar la cumbre del Mont
Maudit(4465m) sobre todo si no se ha estado antes. Descansamos
allí mismo, y aprovechamos para beber, comer algo y distraernos
viendo a lo lejos la gente que en la otra vertiente bajaba del
Mont Blanc y los que aún subían. Comenzamos a subir
lo que quedaba y en treinta minutos estábamos en la cumbre,
cansados pero satisfechos.
Javier
Vera Rincón
(Club Mulhacén)