Mientras
viva me quedará el recuerdo de mi correría por la
falda de Gredos
“Por tierras de España y Portugal”
Miguel de Unamuno
La
sierra de Gredos pertenece a la Cordillera Central que separa las
dos Castillas, y que a su vez hace de divisoria de entre las cuencas
del Duero y Tajo. Esta sierra contiene las máximas alturas
del centro de España, siendo de una categoría extraordinaria,
de formas que Gredos es la montaña del interior por excelencia,
y sólo en la periferia –Pirineos, Picos y Sierra Nevada-
hay cumbres que pueden rivalizar en altitud y belleza. Las esbeltas
cumbres de Gredos se reparten entre las provincias de Ávila,
Cáceres y Salamanca, de ellas dijo Unamuno: “Esta es
mi España, un corazón desnudo/ de viva roca/ del granito
más rudo/ que con sus crestas el cielo toca...”
No
era la primera vez que visitábamos esta sierra, ya conocíamos
sus cumbres principales, distintos circos, sus furiosas ventiscas,
algunas escaladas tradicionales, sus valles y pueblo, tanto con
nieve como sin ella. Pero nuestra intención era realizar
alguna travesía con esquís. Casi todo hemos oído
hablar de la Alta Ruta de esta sierra, que con distintas variantes,
une el Puerto del Pico con la localidad de Bohoyo.
Actividad esta muy atractiva, pero que exige una “logística”
importante. También a través de algún club
o federación de la zona centro, que la organizan casi todas
las temporadas, creo que se puede tomar parte. Pero como de momento
no lo teníamos al alcance, y sólo disponíamos
de un fin de semana, nos planteamos conocer La Mira y el Morezón.
Pasado
el puerto de Tornavacas, las manchas de nieve se fueron haciendo
cada vez más frecuente, la carretera que lleva a Hoyos del
Espino, aún sin arreglar, nos condujo a un magnífico
pinar por debajo este pueblo. El frío era muy intenso pero
como disponíamos de una tienda en condiciones, además
de sendos sacos de dormir. No nos preocupaba que frío aumentara.
Por
la mañana de aquel sábado nos encaminamos hacia La
Mira (2.343 m), para aproximarnos usamos la carretera que sube a
la “Plataforma”, pero aparcamos el coche en km 6, no
encontrando camino alguno. Tuvimos que cruzar varios arroyos helados,
con cuidado, ya que para este tipo de peripecias las botas de travesía
no son las más adecuadas. Vamos en dirección del barranco
del Convento por un cordal, quedando este a nuestra izquierda. Encontramos
huellas de otros esquiadores, la cumbre antes de verla la imaginamos,
luego vemos que nos queda muy al este. Lo que antes era un punto
insignificante se convierte en un torreón con sus escalones.
A todo lo alto llegamos con los crampones pues el hielo abunda,
aprovechando para disfrutar de la panorámica sobre Los Galayos.
El torreón nos recuerda al que existe en lo alto de la cercana
sierra de Béjar
Como
en otras ocasiones el viento frío nos invita abandonar la
cima, siguiendo las huellas viejas nos encaminamos hacia una casa,
más abajo aparece un carril también esquiable. Luego
hay un puente que nos evita el arroyo de por la mañana y
en breve estamos en nuestro coche. Es media tarde y nos encaminamos
al chozo que existe sobre el río Barbellido, en donde hacemos
una merienda y aprovechamos el calor de los rayos del sol. Este
lugar nos trae bellos recuerdos de otra ocasión, en que no
conseguimos ir mucho más allá del prado de las Pozas
y dormimos aquí mientras afuera la nieve caía. Lo
que quedó de tarde, los pasamos jugando al parchís
en un bar de Hoyos.
Al
caer la noche volvimos al lugar donde instalamos la tienda, tras
una breve tertulia nos dormimos. Serían las 10 de la noche
cuando nos despiertan, al salir vemos que es la Guardia Civil. Tras
una breve y amable conversación con ellos, una chica y un
chico jóvenes como nosotros, nos indican que la acampada
está prohibida, luego le comentamos nuestros deseos para
el día siguiente, nos sugieren que tomemos precauciones pues
el frío es grande. Comentamos también que la ley persiga
a los que acampan, pero no a los que estacionan autocaravanas. Se
despiden de nosotros diciéndonos que no nos van a sancionar
y deseándonos una buena jornada.
A
la mañana siguiente el termómetro marca 12º bajo
cero, el infiernillo hace de las suyas, no habrá café
y tendremos que comprar uno de gasolina en el futuro. Antes de las
9 de la mañana estamos en la plataforma, que está
en buena parte cubierta de nieve. La sombra y el frío nos
acompañan hacia el prado de las Pozas. Más adelante
dejamos a la derecha la ruta que lleva a los Barrerones, encaminándonos
hacia el puerto de Candeleda, mucho antes de llegar se ven los Campanarios
y la Mira en la lejanía. Salimos bajo Navasomera (2.305 m)
imaginando que hay un pronunciado collado, cosa que luego no es
así. En esta zona hay mucho hielo, por lo que no está
de mas tomar cuidado. Antes de llegar arriba, nos vamos a la derecha,
para flanqueando en nieve dura, ponernos al pie de la pala final.
Esta pala no es ni muy larga, ni tan empinada como parecía.
Al principio creo que la cumbre está a la derecha pero no,
seguimos por la cresta hasta que aparece la pequeña cruz,
(2.365 m) y las insuperables vistas del “circo”. El
frío es fuerte se nos hiela el aliento en el bigote. Más
fotos, pieles fuera y para abajo. El descenso es muy bueno hasta
el collado, luego un poco de hielo y a disfrutar con una pala, algunos
montañeros nos miran, mientras se suceden los virajes. El
camino de la plataforma está muy nevado y llegamos al maletero
de coche con las tablas puestas.
Tras
comer en el mismo chozo de ayer a eso de las 3 de la tarde, iniciamos
la conducción para casa, viéndose favorecida por la
ausencia de tráfico debido a un partido de fútbol.
Sólo me queda dedicar estas líneas a Enrique Marín
Fernández, compañero de tantas salidas, y de tantos
y tan buenos recuerdos.
Manuel
Gil Monreal
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