COLLADO SUR
REVISTA PERIÓDICA DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE MONTAÑISMO
REVISTA Nº 14
I TRIMESTRE 2003

EL PEÑON GRANDE La roca de Grazalema

 
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Balada de las montañas

Grazalema es un pueblo de la provincia de Cádiz, sumamente popular y que se ha beneficiado enormemente con la declaración de parque natural que incluye su nombre, actuando ésta como reclamo o como una indirecta campaña de promoción turística.

Paseando por las calles de esta población, el montañero apreciará su estratégica posición, en la confluencia entre las sierras del Pinar y del Endrinal. Además por encima de los techos de las casas es fácil distinguir dos cumbres bien distintas, una lejana hacia el oeste, es el S. Cristóbal (1.555 m) otra más cercana alzada sobre el mismo pueblo, se trata del Peñón Grande (1.304m). En invierno con los días cortos, la sombra que provoca esta enorme masa de roca, se adueña de las calles de la población incrementando la sensación de frío. Cuando las “célebres” lluvias descargan en Grazalema, el Peñón Grande es engullido por las nubes, siendo presagio por ello del mal tiempo.

El Peñón Grande es una gran montaña calcárea formada por la conjunción de sus laderas este y oeste, cuya silueta se alza como protector de Grazalema, que aparece a sus pies. Para el montañero que desee coronar su cima le conviene saber que es imprescindible trepar un poco, y no está de más una cuerda. También hay que decir que es una cumbre para iniciarse en la escalada de montaña, pues aunque su dificultad es poca (PD) depende de la elección de la ruta, y no se debe olvidar que la calidad de la roca no es muy buena con agarres que se rompen y bloques inestables. Su estructura está formada por una cumbre superior o principal que forma una cresta que se prolonga hacia el norte, terminando en la cumbre inferior o Peñón de Mahón, entre estas dos cumbres se desarrolla una interesante cresta, en donde destacan las Tres Agujas, Diedro y Panzas Rojas; todas ellas mirando al este. La ladera oeste es menos interesante, solo conviene destacar la vía llamada la “Mecha” bien visible de todas parte, y que está formada principalmente por un gran diedro inclinado. Además un conjunto de veredas faldea esta espléndida montaña, sobretodo el camino que por encima de Grazalema nos adentra en el Endrinal.

La primera vez que subí al Peñón no fue por lo más fácil, sino que subimos por unas chimeneas negruscas, que está más a la derecha de la “Placa Negra”.El itinerario seguido fue el siguiente pedrera, trepar un poco, y sin dirigirse a la cresta seguir en dirección a la cumbre y acceder a la Gran Plataforma, para luego trepar las chimeneas. La salida de la chimenea fue muy gratificante, ya que aparecimos de pronto en todo lo alto. Pero además en aquella fecha 20.12.69, Rafael Guerrero que dirigió la cordada compró un Belén en Algodonales, y lo dejamos en la cumbre. Lo único censurable es que iniciamos la escalada tarde, y la noche nos alcanzó en la bajada, rapelando y destrepando por una estrecha canal que hay a poco de la cumbre. Y que parece cómoda pero exige mucha atención, por la que no se debe descender.

Luego pernoctamos en Grazalema en la Fonda Salas, que nos costó la noche a 10 ptas. y recuerdo que en la parte baja había unas grandes caballerizas. Eran otros tiempos, los bares tenían los parroquianos de siempre, no había gente por las calles, las mujeres adentro de sus casas descorrían las cortinas para observar a los recién llegados al pueblo. Al día siguiente con Antonio Morión que también participó en esta escalada atravesamos el pinsapar, inmersos en una densa niebla y mucho frío, presagio de las nevadas que vinieron días después.

No mucho después y con otros amigos formamos el Club Montañero Sierra del Pinar, del que fui presidente en varias ocasiones. En el verano siguiente volvimos a subir a esta cumbre, entonces en compañía de J.A.Cabrera, fue el 6 de septiembre de 1.971. Como en la otra escalada subimos por la pedrera que lleva a la cueva, que es la tercera, además de ser la más larga y estrecha alcanzando la cresta para continuar por ella. Después volvimos a la cresta rápidamente, para por ella continuar a la Gran Plataforma. En la cresta se superaran dos fáciles chimeneas y una fisurilla: para poco después y andando “hacer cumbre”.Desde todo lo alto encontramos un descenso más simple hacia el llano de la Presillas. En concreto tras “crestear” un poco y pasar la canal que se abre en la cara este nada recomendables, que ya conocimos cuando nuestra primera al Peñón Grande, se destrepan unos metros y en terreno escabroso pero andando se continúa en dirección al Llano de las Presillas, accediendo al mismo por la “escalera de caracol” que esquiva una alargada franja de tajo, más abajo hay un pozo. Para los escaladores acostumbrados a la verticalidad, abandonando la cumbre en dirección norte, con buena perspectiva de las Tres Agujas, se tiene el descenso más fácil y rápido por la propia cresta. Solo en escaso metros, y sobretodo con roca húmeda, es preciso prestar atención, el resto es por chimeneas bien seguras.

También desde fuera del peñón pudimos contemplar como es realmente esta montaña, ya que la perspectiva que se tiene desde el actual camping, no es la mejor. Así tomamos otra vereda que hay más a la izquierda de por donde nos acercamos al peñón, en concreto a su cara este. Existía una “era” antes de que se plantaran los pinos que hoy vemos al pie de las paredes y fuente Mahón era asequible. No se disponía de coche propio lo que era todo un inconveniente para llegar a Grazalema. Hoy se puede ir con coche propio para un solo día, pero entonces era imprescindible tener dos días, ya que nos desplazábamos en autobuses. Se podía tomar la línea de Ronda y bajarse en el puerto de Montejaque, para allí esperar a otro autobús que te llegaba a Grazalema. Se podía ir desde Ubrique igualmente. Para la vuelta se tenía una “propina”: de Grazalema al Bosque a pie 18 km. y pasar la noche donde mejor pudiera ser para tomar “el fantasma”,un autobús que pasaba a eso de la 6 de la mañana, arribando a Jerez poco antes de incorporarse al instituto o al trabajo.

Las dos vías que se disponían hasta la fecha tenían en común que se acercaban a la brecha que hay por el norte inmediatamente bajo la cumbre. Pronto comprobamos que con escasos destrepes, se accedía al pié la cara oeste, la que mira al S.Cristóbal. Hay que reseñar que el descenso encontrado hacia el llano de las Presillas posibilitó que gente que no tenía nada que ver con la escalada fuera guiado a esta cumbre trepando un poco, como fue la vez que subimos con Luis Millán y Pepe Rosales, este último gran admirador de Grazalema que bajó maravillado de la cumbre diciendo que sus rocas cortan como navajas.

Así le “echamos el ojo” a toda la cresta, que realizamos en compañía de Ángel Serón y Emilio Rosales el 13.10.74, la subida a la cumbre inferior puede ser muy distinta pues a medida que se acerca uno a la cueva roja, es más vertical que hacia la derecha. De todas formas ya habíamos subido a esta cumbre en otras ocasiones, pero aquel día seguimos hasta todo lo alto del Peñón Grande, resultado muy entretenido, a veces encordados y otras no. Pero lo que más no atraía era la cima principal, a la que le hicimos un buen estudio, bien apostados y prismáticos en manos. Apareciendo varios obstáculos que más adelante se nos harían familiares. Primero destacan las llambrías, atravesadas por algunas grietas, en su extremo derecho un diedro inconfundible de buen tamaño y más arriba está la “Placa Negra”, y en la base una zona de rocas un tanto irregular por las que se progresa sin grandes dificultades. Por la izquierda de las llambrías y sin entrar en la Placa Negra Mario Bilbao y Enrique Abascal escalaron esta cumbre.

La vía de la Placa Negra costó mucho tiempo y esfuerzos, participando un buen número de montañeros de Jerez y amigos de Madrid. Las rocas de la base se hicieron del tirón, ya que solo exigen cuidado con los bloques instables. En la llambrías, que recuerda la caliza de Picos, se trepó por distintos lados, terminando por la derecha bajo la entrada al diedro. A partir de aquí la cosa se pone vertical, y no se deben descuidar los medios de seguro quedando puestas algunas clavijas, aquellas universales y de “U” de Charlet-Moser. Después del diedro la escalada es más fácil, y se accede al pie de la Placa Negra, descubriendo la conexión con las otras vías que llegan a la cumbre principal a través de la Gran Plataforma.. Esto nos facilitó concentrarnos en acabar esta vía, que de arriba a bajo de la cumbre son casi 250 m de escalada. En los varios intentos que hubo participamos muchos montañeros entre ellos Ángel Villanueva, Emilio Rosales, Francisco del Águila, José Belmonte, Luis Vázquez, Joaquín Fábregat, Ángel Serón, Juan M. González y algunos más que lamento no recordar. En alguna ocasión, antes de que la vía se abriera en su totalidad recuerdo que se puso a nevar en plan serio, cuando ya habíamos superado las llambrías y estábamos en el diedro, la llegada a Grazalema fue tremenda, no había luz y para colmo teníamos que volver en moto a casa esa misma noche. Volvimos muchas veces al peñón unas para terminar esta vía o hacer otras, así como la imprecisa vía que escala más a la derecha del diedro citado, para salir a la plataforma. Incluso en cierta ocasión fuimos expresamente a subir por la “cresta”, cuando la montaña estaba muy nevada, cosa que realizamos con Juan Guerra. La Placa Negra fue terminada en un día de la primavera de 1.975 por Ángel Villanueva, Emilio Rosales y Manuel Gil, usando clavos y estribos. Más adelante La Placa Negra fue escalada por distintas cordadas, destacando su repetición en solitario por Javier Rodríguez Gordillo en primavera de 1.982, siendo posiblemente el escalador con mayor experiencia en la zona, prodigándose con gran constancia en el Pto. del Viento, Gastor; S. Bartolomé, Peñón Grande y Sª del Pinar.

Recordando las escaladas en el Peñón Grande, no podemos olvidar las Tres Agujas, que me las enseñaron los hermanos Rafael e Isidoro Jiménez Díaz, posiblemente donde más se puede disfrutar la escalada en Grazalema, con ellos tuve la suerte de hacer su tercer recorrido, más adelante con otros compañeros las repetimos muchas veces.. Estas agujas se localizan en la ladera este del peñón, al lado de la tercera canal o pedrera que sube hacia la cresta, por donde se inicia la subida en dirección a la cresta, lo que puede ser considerado la “normal”de esta cumbre. En ocasiones para alargar la escala de estas agujas, se continuaba hacia la máxima altura del peñón.

La mayoría de la escalada se han llevado a cabo en la cara este, pero en la oeste había una buena ruta a seguir, que más adelante se popularizó con el nombre de “La Mecha”, la abrieron Javier R. Gordillo y Manuel Rodríguez el 1.05.77 la vía asciende a la cima principal, recorriendo la gran fisura, casi un diedro que inclinado y de derecha a izquierda asciende rayando esta cara de la montaña. Para llegar a la base de este diedro hay que trepar por una zona un tanto húmeda y resbaladiza, también antes de llegar al punto de inicio de este diedro existe un resalte a la izquierda, que en posteriores repeticiones se ha seguido con lo que la dificultad aumenta.

Por aquellos años se buscaron una serie de bloques para entrenar o hacer “boulder”, como se dice ahora, colocando también algunas decenas de clavos de expansión en un desplome que hay bajo Grazalema, y que todos han utilizado y fotografiados hasta la saciedad.

Más adelante y en una nueva época de la escalada entran en acción una serie de escaladores como Rafa Gamarro, Carlos de Campo, David Munilla, Andrés Ortega, Manuel Salazar y Javier R. Gordillo, que surcaran algunas nuevas vías, algunas iniciadas anteriormente, de entre ellas destacamos las “Panzas Rojas”.

“La aguja del pto. de las Palomas”

Esta pequeña aguja mira a la ribera de Gaidovar, zona cercana a Grazalema, y es asequible desde el mismo puerto por una vereda. Habría que señalar que el letrero que pone la altitud de este pto. de la Palomas está equivocado pues ojeando el mapa correspondiente se observa que no pasará de lo 1.280 m . La primera vez que escalé esta aguja lo hice con Francisco Ig. del Águila, es la vía que consideramos normal, que es la de la chimenea. En ella tras superar esta chimenea, se continúa por un terreno más fácil, pero con bloques inestables. En el segundo itinerario, que denominamos Traviatta, encontramos un clavo en la superación que hay próximo a un desplome rojizo. Es por esta zona por donde conviene tirar las cuerdas para hacer el rappel. La otra vía denominada La “Bogy”, es sensiblemente más difícil, se inicia en el pie de la aguja, cuando las anteriores se inician en el colladito que se forma entre la aguja y la montaña. Esta escalada es de una gran verticalidad sobretodo para entrar en la reunión bajo la arista. Esta vía fue abierta el 23.11.75 por Francisco Ig. del Águila Y Manuel Gil.

De cuando en cuando vuelvo a la “aguja y al peñón”, en la aguja se trazaron nuevos e inéditos itinerarios, más directos y difíciles por las siguientes generaciones de escaladores al igual que en el peñón. En la aguja hay que tener en cuenta que la consistencia de la roca es mala en algunas de sus caras, arena y bloques sueltos, como sucede en la misma cumbre. El peñón sigue siendo una magnífica montaña, de roca calcárea y gris, es fácil imaginársela en medio de los Picos de Europa, allí con algunos neveros en su base sería de estimada ascensión. Hoy existe demasiado bullicio a sus pies, exceso de ruidos; pero de todas formas los montañeros y los escaladores disfrutaremos con su elegante figura y sus buenas jornadas de escalada.


Manuel Gil Monreal

 

 

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