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montaña todas las informaciones
están únicamente garantizadas por la
buena fe de los protagonistas, ya que
no hay jueces ni cronometradores.
Balada
de las montañas
Grazalema
es un pueblo de la provincia de Cádiz, sumamente popular
y que se ha beneficiado enormemente con la declaración
de parque natural que incluye su nombre, actuando ésta
como reclamo o como una indirecta campaña de promoción
turística.
Paseando
por las calles de esta población, el montañero apreciará
su estratégica posición, en la confluencia entre
las sierras del Pinar y del Endrinal. Además por encima
de los techos de las casas es fácil distinguir dos cumbres
bien distintas, una lejana hacia el oeste, es el S. Cristóbal
(1.555 m) otra más cercana alzada sobre el mismo pueblo,
se trata del Peñón Grande (1.304m). En invierno
con los días cortos, la sombra que provoca esta enorme
masa de roca, se adueña de las calles de la población
incrementando la sensación de frío. Cuando las “célebres”
lluvias descargan en Grazalema, el Peñón Grande
es engullido por las nubes, siendo presagio por ello del mal tiempo.
El
Peñón Grande es una gran montaña calcárea
formada por la conjunción de sus laderas este y oeste,
cuya silueta se alza como protector de Grazalema, que aparece
a sus pies. Para el montañero que desee coronar su cima
le conviene saber que es imprescindible trepar un poco, y no está
de más una cuerda. También hay que decir que es
una cumbre para iniciarse en la escalada de montaña, pues
aunque su dificultad es poca (PD) depende de la elección
de la ruta, y no se debe olvidar que la calidad de la roca no
es muy buena con agarres que se rompen y bloques inestables. Su
estructura está formada por una cumbre superior o principal
que forma una cresta que se prolonga hacia el norte, terminando
en la cumbre inferior o Peñón de Mahón, entre
estas dos cumbres se desarrolla una interesante cresta, en donde
destacan las Tres Agujas, Diedro y Panzas Rojas; todas ellas mirando
al este. La ladera oeste es menos interesante, solo conviene destacar
la vía llamada la “Mecha” bien
visible de todas parte, y que está formada principalmente
por un gran diedro inclinado. Además un conjunto de veredas
faldea esta espléndida montaña, sobretodo el camino
que por encima de Grazalema nos adentra en el Endrinal.
La
primera vez que subí al Peñón no fue por
lo más fácil, sino que subimos por unas chimeneas
negruscas, que está más a la derecha de la “Placa
Negra”.El itinerario seguido fue el siguiente pedrera, trepar
un poco, y sin dirigirse a la cresta seguir en dirección
a la cumbre y acceder a la Gran Plataforma, para luego trepar
las chimeneas. La salida de la chimenea fue muy gratificante,
ya que aparecimos de pronto en todo lo alto. Pero además
en aquella fecha 20.12.69, Rafael Guerrero que dirigió
la cordada compró un Belén en Algodonales, y lo
dejamos en la cumbre. Lo único censurable es que iniciamos
la escalada tarde, y la noche nos alcanzó en la bajada,
rapelando y destrepando por una estrecha canal que hay a poco
de la cumbre. Y que parece cómoda pero exige mucha atención,
por la que no se debe descender.
Luego
pernoctamos en Grazalema en la Fonda Salas, que nos costó
la noche a 10 ptas. y recuerdo que en la parte baja había
unas grandes caballerizas. Eran otros tiempos, los bares tenían
los parroquianos de siempre, no había gente por las calles,
las mujeres adentro de sus casas descorrían las cortinas
para observar a los recién llegados al pueblo. Al día
siguiente con Antonio Morión que también participó
en esta escalada atravesamos el pinsapar, inmersos en una densa
niebla y mucho frío, presagio de las nevadas que vinieron
días después.
No
mucho después y con otros amigos formamos el Club Montañero
Sierra del Pinar, del que fui presidente en varias ocasiones.
En el verano siguiente volvimos a subir a esta cumbre, entonces
en compañía de J.A.Cabrera, fue el 6 de septiembre
de 1.971. Como en la otra escalada subimos por la pedrera que
lleva a la cueva, que es la tercera, además de ser la más
larga y estrecha alcanzando la cresta para continuar por ella.
Después volvimos a la cresta rápidamente, para por
ella continuar a la Gran Plataforma. En la cresta se superaran
dos fáciles chimeneas y una fisurilla: para poco después
y andando “hacer cumbre”.Desde todo lo alto encontramos
un descenso más simple hacia el llano de la Presillas.
En concreto tras “crestear” un poco y pasar la canal
que se abre en la cara este nada recomendables, que ya conocimos
cuando nuestra primera al Peñón Grande, se destrepan
unos metros y en terreno escabroso pero andando se continúa
en dirección al Llano de las Presillas, accediendo al mismo
por la “escalera de caracol” que esquiva una alargada
franja de tajo, más abajo hay un pozo. Para los escaladores
acostumbrados a la verticalidad, abandonando la cumbre en dirección
norte, con buena perspectiva de las Tres Agujas, se tiene el descenso
más fácil y rápido por la propia cresta.
Solo en escaso metros, y sobretodo con roca húmeda, es
preciso prestar atención, el resto es por chimeneas bien
seguras.
También
desde fuera del peñón pudimos contemplar como es
realmente esta montaña, ya que la perspectiva que se tiene
desde el actual camping, no es la mejor. Así tomamos otra
vereda que hay más a la izquierda de por donde nos acercamos
al peñón, en concreto a su cara este. Existía
una “era” antes de que se plantaran los pinos que
hoy vemos al pie de las paredes y fuente Mahón era asequible.
No se disponía de coche propio lo que era todo un inconveniente
para llegar a Grazalema. Hoy se puede ir con coche propio para
un solo día, pero entonces era imprescindible tener dos
días, ya que nos desplazábamos en autobuses. Se
podía tomar la línea de Ronda y bajarse en el puerto
de Montejaque, para allí esperar a otro autobús
que te llegaba a Grazalema. Se podía ir desde Ubrique igualmente.
Para la vuelta se tenía una “propina”: de Grazalema
al Bosque a pie 18 km. y pasar la noche donde mejor pudiera ser
para tomar “el fantasma”,un autobús que pasaba
a eso de la 6 de la mañana, arribando a Jerez poco antes
de incorporarse al instituto o al trabajo.
Las
dos vías que se disponían hasta la fecha tenían
en común que se acercaban a la brecha que hay por el norte
inmediatamente bajo la cumbre. Pronto comprobamos que con escasos
destrepes, se accedía al pié la cara oeste, la que
mira al S.Cristóbal. Hay que reseñar que el descenso
encontrado hacia el llano de las Presillas posibilitó que
gente que no tenía nada que ver con la escalada fuera guiado
a esta cumbre trepando un poco, como fue la vez que subimos con
Luis Millán y Pepe Rosales, este último gran admirador
de Grazalema que bajó maravillado de la cumbre diciendo
que sus rocas cortan como navajas.
Así
le “echamos el ojo” a toda la cresta, que realizamos
en compañía de Ángel Serón y Emilio
Rosales el 13.10.74, la subida a la cumbre inferior puede ser
muy distinta pues a medida que se acerca uno a la cueva roja,
es más vertical que hacia la derecha. De todas formas ya
habíamos subido a esta cumbre en otras ocasiones, pero
aquel día seguimos hasta todo lo alto del Peñón
Grande, resultado muy entretenido, a veces encordados y otras
no. Pero lo que más no atraía era la cima principal,
a la que le hicimos un buen estudio, bien apostados y prismáticos
en manos. Apareciendo varios obstáculos que más
adelante se nos harían familiares. Primero destacan las
llambrías, atravesadas por algunas grietas, en su extremo
derecho un diedro inconfundible de buen tamaño y más
arriba está la “Placa Negra”, y en la base
una zona de rocas un tanto irregular por las que se progresa sin
grandes dificultades. Por la izquierda de las llambrías
y sin entrar en la Placa Negra Mario Bilbao y Enrique Abascal
escalaron esta cumbre.
La
vía de la Placa Negra costó mucho tiempo y esfuerzos,
participando un buen número de montañeros de Jerez
y amigos de Madrid. Las rocas de la base se hicieron del tirón,
ya que solo exigen cuidado con los bloques instables. En la llambrías,
que recuerda la caliza de Picos, se trepó por distintos
lados, terminando por la derecha bajo la entrada al diedro. A
partir de aquí la cosa se pone vertical, y no se deben
descuidar los medios de seguro quedando puestas algunas clavijas,
aquellas universales y de “U” de Charlet-Moser. Después
del diedro la escalada es más fácil, y se accede
al pie de la Placa Negra, descubriendo la conexión con
las otras vías que llegan a la cumbre principal a través
de la Gran Plataforma.. Esto nos facilitó concentrarnos
en acabar esta vía, que de arriba a bajo de la cumbre son
casi 250 m de escalada. En los varios intentos que hubo participamos
muchos montañeros entre ellos Ángel Villanueva,
Emilio Rosales, Francisco del Águila, José Belmonte,
Luis Vázquez, Joaquín Fábregat, Ángel
Serón, Juan M. González y algunos más que
lamento no recordar. En alguna ocasión, antes de que la
vía se abriera en su totalidad recuerdo que se puso a nevar
en plan serio, cuando ya habíamos superado las llambrías
y estábamos en el diedro, la llegada a Grazalema fue tremenda,
no había luz y para colmo teníamos que volver en
moto a casa esa misma noche. Volvimos muchas veces al peñón
unas para terminar esta vía o hacer otras, así como
la imprecisa vía que escala más a la derecha del
diedro citado, para salir a la plataforma. Incluso en cierta ocasión
fuimos expresamente a subir por la “cresta”, cuando
la montaña estaba muy nevada, cosa que realizamos con Juan
Guerra.
La Placa Negra fue terminada en un día de la primavera
de 1.975 por Ángel Villanueva, Emilio Rosales y Manuel
Gil, usando clavos y estribos. Más adelante La Placa Negra
fue escalada por distintas cordadas, destacando su repetición
en solitario por Javier Rodríguez Gordillo en primavera
de 1.982, siendo posiblemente el escalador con mayor experiencia
en la zona, prodigándose con gran constancia en el Pto.
del Viento, Gastor; S. Bartolomé, Peñón Grande
y Sª del Pinar.
Recordando
las escaladas en el Peñón Grande, no podemos olvidar
las Tres Agujas, que me las enseñaron los hermanos Rafael
e Isidoro Jiménez Díaz, posiblemente donde más
se puede disfrutar la escalada en Grazalema, con ellos tuve la
suerte de hacer su tercer recorrido, más adelante con otros
compañeros las repetimos muchas veces.. Estas agujas se
localizan en la ladera este del peñón, al lado de
la tercera canal o pedrera que sube hacia la cresta, por donde
se inicia la subida en dirección a la cresta, lo que puede
ser considerado la “normal”de esta cumbre. En ocasiones
para alargar la escala de estas agujas, se continuaba hacia la
máxima altura del peñón.
La
mayoría de la escalada se han llevado a cabo en la cara
este, pero en la oeste había una buena ruta a seguir, que
más adelante se popularizó con el nombre de “La
Mecha”, la abrieron Javier R. Gordillo y Manuel Rodríguez
el 1.05.77 la vía asciende a la cima principal, recorriendo
la gran fisura, casi un diedro que inclinado y de derecha a izquierda
asciende rayando esta cara de la montaña. Para llegar a
la base de este diedro hay que trepar por una zona un tanto húmeda
y resbaladiza, también antes de llegar al punto de inicio
de este diedro existe un resalte a la izquierda, que en posteriores
repeticiones se ha seguido con lo que la dificultad aumenta.
Por
aquellos años se buscaron una serie de bloques para entrenar
o hacer “boulder”, como se dice ahora, colocando también
algunas decenas de clavos de expansión en un desplome que
hay bajo Grazalema, y que todos han utilizado y fotografiados
hasta la saciedad.
Más
adelante y en una nueva época de la escalada entran en
acción una serie de escaladores como Rafa Gamarro, Carlos
de Campo, David Munilla, Andrés Ortega, Manuel Salazar
y Javier R. Gordillo, que surcaran algunas nuevas vías,
algunas iniciadas anteriormente, de entre ellas destacamos las
“Panzas Rojas”.
“La
aguja del pto. de las Palomas”
Esta
pequeña aguja mira a la ribera de Gaidovar, zona cercana
a Grazalema, y es asequible desde el mismo puerto por una vereda.
Habría que señalar que el letrero que pone la altitud
de este pto. de la Palomas está equivocado pues ojeando
el mapa correspondiente se observa que no pasará de lo
1.280 m . La
primera vez que escalé esta aguja lo hice con Francisco
Ig. del Águila, es la vía que consideramos normal,
que es la de la chimenea. En ella tras superar esta chimenea,
se continúa por un terreno más fácil, pero
con bloques inestables. En el segundo itinerario, que denominamos
Traviatta, encontramos un clavo en la superación que hay
próximo a un desplome rojizo. Es por esta zona por donde
conviene tirar las cuerdas para hacer el rappel. La otra vía
denominada La “Bogy”, es sensiblemente más
difícil, se inicia en el pie de la aguja, cuando las anteriores
se inician en el colladito que se forma entre la aguja y la montaña.
Esta escalada es de una gran verticalidad sobretodo para entrar
en la reunión bajo la arista. Esta vía fue abierta
el 23.11.75 por Francisco Ig. del Águila Y Manuel Gil.
De
cuando en cuando vuelvo a la “aguja y al peñón”,
en la aguja se trazaron nuevos e inéditos itinerarios,
más directos y difíciles por las siguientes generaciones
de escaladores al igual que en el peñón. En la aguja
hay que tener en cuenta que la consistencia de la roca es mala
en algunas de sus caras, arena y bloques sueltos, como sucede
en la misma cumbre. El peñón sigue siendo una magnífica
montaña, de roca calcárea y gris, es fácil
imaginársela en medio de los Picos de Europa, allí
con algunos neveros en su base sería de estimada ascensión.
Hoy existe demasiado bullicio a sus pies, exceso de ruidos; pero
de todas formas los montañeros y los escaladores disfrutaremos
con su elegante figura y sus buenas jornadas de escalada.
Manuel Gil Monreal
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