El
pasado día 5 de Enero de 2003, a las 5 de la tarde, Charo
Madueño y Ricardo Guerrero consiguiron alcanzar la cima
del Aconcagua, la cumbre del continente americano. A las 7,30
horas de la mañana, en el CII llamado Berlín a
5.850 metros de altitud y con 17º bajo cero dentro de la
tienda de campaña se inicia una subida muy dura y penosa
por las condiciones.
La
cordada la componen Argimiro Martín, Salvador (Cádiz),
Manolo Cerezo, Charo Madueño y Ricardo Guerrero. A los
pocos minutos se enfrentarían a la realidad de las condiciones
de ese día. Ráfagas de viento que convierten la
sensación termica en 50 o 60º bajo cero por momentos.
Sólo superada la primera zona de "piedras blancas",
Charo tiene que deterse porque no siente sensibilidad en algunos
de los dedos. Afortunadamente el sol empieza a aliviar el intenso
frío y la cordoda continúa. Al llegar a la zona
de "independencia" (6.300 m) el viento y el frío
es más intenso y el grupo se disgrega. Charo Madueño
con una decisión inquebrantable continúa sin dudar,
seguida de Ricardo Guerrero. Al cruzar la diagonal del "gran
acarreo" el resto del grupo abandona. Manolo Cerezo ya
tiene principio de congelación en la nariz y es prudente
la retirada. Sólo quedan Charo y Ricardo, que al llegar
a la base de la Canaleta (6.600 m) tienen algo de suerte y el
viento frio desaparece.
Pero
esta interminable canal de piedra, barro, nieve y hielo que
da acceso a la cumbre es lo más duro que han conocido
nunca. La cumbre está ahí, tan cerca y tan lejos
a la vez. Cada paso cuesta más que una vida y parece
que nunca llega. Aquí no son las fuerzas, la preparación
ni el entrenamiento lo que necesitas sacar de tí. Llegan
a la arista y la cara sur de hielo aparece a sus espaldas. Ápenas
100 metros para la cumbre y todabía parece imposible
conseguir llegar. No es entrenamiento, ni técnica; es
sólo corage. Ya no quedan fuerzas, ya no eres persona;
eres sólo voluntad. No hay músculos, ni frío,
ni deshidratación, ni agotamiento extremo; sólo
voluntad y corage. Sólo eso para que la primera cordobesa
toque el techo de América: corage. La cumbre estaba allí
esperándolos.
Toda America a sus pies y una voz por
el Walki: "Campo base para cumbre, lo hemos conseguido".
Al otro lado del aparato, tresmilmetros más abajo, Rosa
Flores chillaba de alegría a través del aparato.
Eran las cinco de la tarde y quedaba mucho por bajar, muy pocas
fuerzas y nada de agua. Pero aún se dedicaron 30 minutos
para retener tanta belleza conseguida con tanto esfuerzo. Las
fotos de rigor, los patrocinadores y "chutando para abajo".
La
bajada fue tan dura como la subida, pero se lo habian prometido,
el último aliento era para bajar. 9,30 horas para subir
y 3 para bajar. Al llegar a piedras blancas, cerca de Berlín,
Argimiro Martín y Salvador, con una mochila con líquido
caliete, ya subian en busca de sus compañeros. Como buenos
compañeros y montañeros esperaron todo el día
para auxiliar en caso de necesidad la bajada, siempre delicada
de la cumbre. El abrazo y el llanto de alegría, de cansancio
extremo, del temor mantenido todo el día, se fundieron
en un instante en "piedras blancas" (6.100 m) en un
atardecer que no olvidarán nunca. Ya en en el CII lo
primero hidratarse y comer algo. Pero no da tiempo, en pocos
minutos duermen. Al día siguiente, 6 de Enero, los cuatro
montañeros recogen las dos tiendas de campaña,
la comida, la basura y dejan sin huella lo que habia sido su
casa cerca de los 6.000 metros durante tres días intensos.
A las dos horas están ya en CI "Nido de Condor"
(5.350 m). Allí dos tiendas más, hornillos de
todo el equipo, basura y comida sobrante que cargan sobre sus
pesadas mochilas. Desde el CB, mil metros más abajo,
suben Rosa Flores y Manolo Cerezo (sin hacer caso a las recomendaciones
del médico sobre su nariz medio congelada) a ayudarles
en la retirada de la montaña.
Lo
hemos conseguido compañeros. Sólo el trabajo y
el esfuerzo de todo un equipo lo ha conseguido.
La
cumbre es de todos.
Ricardo
Guerrero