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COLLADO
SUR REVISTA PERIÓDICA DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE MONTAÑISMO |
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REVISTA
Nº 13 IV TRIMESTRE 2002 |
La Maroma (2.065) de la Sierra Tejeda. |
Por encima de las costas del Mediterráneo se alzan gran cantidad de sierras; a escasos kilómetros en línea recta, el relieve se torna quebrado y abrupto, en contraposición a la horizontalidad costera. Son poco numerosos los enclaves de las costas de España, que no tengan sus sierras características. Los ruidos, la agitación de los lugares costeros, desaparece a poco que nos alejemos de ellos, y en un corto intervalo de tiempo accedemos a cualquier pueblo serrano, con su tranquilidad de siempre. Se cumple aquello de tan cercanos y tan distintos. La provincia de Málaga puede ser una en donde el contraste entre la sierra y la costa sea más acusado. Las cumbres de las sierras malagueñas no son nada despreciables; sus alturas rondan en múltiples ocasiones los dos mil, con grandes desniveles, y sus paisajes son muy atractivos. Así encontraremos ciertos bosques de pinos, castaños, encinas, alcornoques y pinsapos. La fauna no está mal representada con una abundante población de cabras monteses y variadas rapaces. Las sierras malagueñas se alinean con una disposición este a oeste. Así por el este, en los límites de Granada, hallamos una importante comarca montañosa conocida por la Axarquía. Sus cumbres más elevadas son La Maroma (2.065 m), Cerro del Lucero (1.771 m) y Navachica ( l.834 m). En esta ocasión ofreceremos al lector la posibilidad de conocer dos subidas a la cumbre más elevada, por sus vertientes norte y sur. Sobre esta cumbre, hay que decir, que el punto más elevado, donde se sitúa su vértice de segunda categoría y donde se alcanzan los 2.065 m de altitud, pertenece a la provincia de Granada, concretamente al término de Alhama. Por el lado malagueño, y en el término de Canillo del Aceituno, se llega hasta los 2.000 m; si se observan las curvas de nivel del mapa militar, es el punto por donde pasa el límite provincial. Pero de estas cosas que no está de más saber, la bota de montañero no las tiene en cuenta y simplemente corona la cumbre. Por esta cumbre en 1.913 pasaron el doctor Lizárraga, Joaquín Azcárate y un guía local, como exponente de la Sociedad Excursionista de Málaga, fundada en 1.906. También el hispanista Gerald Brenan pasó por esta montaña, dando cuenta en su célebre libro “Al sur de Granada”. Por
la vertiente sur, desde Canillas del Aceituno La vereda está perfectamente señalizada a la salida de este pueblo, subiendo rápidamente, para en cosa de una hora llegar a la fuente y el collado de la Ravita, donde se puede tomar agua, que arriba es difícil de hallar, salvo en algún nevero en tiempo frío. Para los no habituados a la marcha por montaña, tomarse las cosas con calma, pero procurando alcanzar un ritmo, ya que son 1.500 m de desnivel los que hay que superar. Sobre ello también incide el sol, ya que por ser una vertiente muy expuesta a las “caricias” del astro rey, sería de buen gusto es coger este itinerario para los meses más fríos, ya que en cuanto se inicie la primavera el sol calentará de lo lindo. En el mismo collado se divisa toda la espectacular vertiente sur de la Maroma, con el cañón del Almanchares en su inicio En unas lazadas más, el camino nos pondrá en la base de una cañada que baja de la cumbre hacia el oeste. Después el camino sube fuerte para salir zonas de menos pendientes. Algo cansado se suele llegar a las ruinas de “La casa de las nieves”. De allí en un cómodo paseo se hace cumbre, llegando a su vértice, conviene tener presente que a poco de la cumbre se abre una sima con cierta caída libre. El vértice es descomunal teniendo una escalerilla para llegar a lo más alto, existiendo algún que otro buzón. Por la vertiente norte Dejando
atrás la población de Alhama de Granada, en dirección
ascendente, se llega a la venta de la Alcaicería. Desde allí
se toma un carril, que está señalizado, hasta el contiguo
Robledal Alto, cuya altitud ronda los 1.000 m. La ascensión remonta
el Barranco de los Presillejos. Se anda un trecho con no mucha pendiente,
y luego se sube por un lomón, que deja a nuestra derecha el citado
barranco. Es en esta zona cuando viene el mayor repechón, todo
ello entre un denso bosque de pinos, apareciendo algunos ejemplares
de arce. Es sobre el espolón en donde desaparece la vegetación,
o mejor se aclara, en donde paramos a hacer un alto y tomar un bocado.
En este lugar se divisa un magnífico panorama de la cumbre y
de sus despeñaderos por esta vertiente. También se ve
el Salto del Caballo, a partir de aquí en pleno invierno es fácil
encontrar nieve, pues estaremos en umbría. En los pasados inviernos del 96 y 97, sobretodo en el primero un gran nevero cubría esta vertiente, que se divisaba desde Sierra Nevada. La vereda recorre la zona que exige más atención, pues no sería fácil perderla, sobretodo ante de ponerse al pie de unos grandes escarpes. Más adelante y pegados a la roca, la vereda se hace muy clara y resulta cómoda. Aparecen grandes ejemplares de tejo, pronto cruzamos la cresta por el puerto Loberas. Este lugar se caracteriza por tener un relieve calcáreo muy erosionado, con posibles simas, y se continúa hacia el oeste por donde mejor se puede, evitando los roquedos más abruptos y agrietado. Ya no hay vegetación y se prosigue para arriba, al fondo se ve la Sierra Almijara y Sierra Nevada. A veces se aprovechan escalones formados en la roca calcárea, por lo que se anda mejor. Más adelante sobre el horizonte, vemos como se levanta el vértice de la cumbre, ya solo queda recorrer una amplia explanada estar en lo más alto. El tiempo empleado por esta vertiente norte fue de escasas 3 horas de subida; para la sur hay se emplean cinco buenas horas de subida por una “hermosa solana” Dormir en la cumbre La
segunda parte de esta actividad fue dormir en la cumbre, cosa que no
somos los únicos que allí lo hemos hecho. Para lo cual
nos guarecimos del viento en unos parapetos de piedra que existen. Nos
molestó un poco el viento, pero el efecto del mismo desaparecía
en cuanto te tumbabas. La temperatura rondó los 3ºC en aquella
noche de noviembre, la noche fue muy buena en aquel pasado otoño,
cálido como el actual. Para hacerlo más cómodo,
y pensando en el desayuno, dispuse en mi mochila de casi 3 litros de
agua. También se puede dormir en las proximidades de la “Casa
de la Nieve”, como hicimos en otra ocasión. El
vivaqueo o vivaque es siempre una gran experiencia, he tenido la suerte
de vivaquear muchas veces, casi siempre en buenas condiciones, en malas
ya es otra cosa. Cuando se tiene pensado hacer un vivac, conviene llegar
a la cumbre casi de noche para que la permanencia allá arriba
no se haga muy larga. En esas ocasiones los compañeros tienen
tiempo de contarse la “vida”, y desde todo le alto en silencio
absoluto parece como si todo fuera mejor
Manuel
Gil Monreal
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