F.A.M.
 
  Revista de la Federación Andaluza de Montañismo
© Collado Sur             Edición nº 11 
Visita a los Alpes, primavera 2002
 
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"Me costó creer que no fue un sueño, y aún contemplo en nuestras miradas el brillo especial de aquella luz, de aquellas Montañas, que guardan Silencio porque se saben Bellas, se sienten Eternas..."

Todo empezó como comienza cualquier otro viaje, con una charla entre amigos, un deseo y al final un compromiso y una meta, realizar la Alta Ruta de los Alpes.
Con muchos meses por delante se comienza la recopilación de datos, bibliografía, mapas y sobre todo la experiencia de los que ya han estado( gracias Luis Ordóñez). Confección de listas de material, reserva de refugios...
Nos decantamos al final por la ruta clásica y además realizarla en el máximo tiempo posible, para así disfrutar de cada segundo. En total seis días de montaña más tres de viaje.
Partimos de Granada el viernes 22 de Marzo, los cinco mosqueteros ( Guille, Fernando, Oscar, Antonio y JR) con la furgona cargada hasta los topes de material y rebosante de Ilusión. Son 2000km los que nos separan. El sábado por la tarde llegamos a Les Houches donde pasaríamos la noche en una especie de albergue-casa rural. Esa tarde fue un trasiego de preparativos de material, esto si, esto no que pesa, la cuerda la porteas tú... Paso obligado por la Casa de la Montaña a preguntar por la Meteo y condiciones de la ruta. La ruta está bien pero la meteo empeorará a mitad semana, nos dice un guía local. Aquella noche cenamos bien, bien, brindamos y al saco con un manojo de nervios.
El primer día amanece con un sol espléndido y mucho, mucho frío que no nos abandonará hasta el final de la ruta. Se toma el teleférico en Argèntiere y te sube hasta Lognan (2000mts) a partir de aquí te calzas los esquís y ya prácticamente no te los vuelves a quitar más que para dormir y por aquello de no golpear a tu compañero de al lado. La primera parte discurre por pistas así que desconcierta un poco pero enseguida alcanzas el Glaciar de Argèntiere (2600mts) y te sumerges en un silencio roto tan solo por el viento que azota. Esta jornada te presenta el marco por el que va a discurrir nuestras huellas; mientras nuestras miradas se pasean coquetas por las impresionantes paredes Nortes de la Aiguille Verte, Les Droites, el Mont Dolent...
Sobre las 15:00h alcanzamos el refugio de Argèntiere (2771mts) y comenzó la segunda batalla del día, esta vez por coger el filete de carne más grande. Esta vez ganó Oscar. De nuevo comprobar la meteo y ni rastro del mal tiempo, comprobar la ruta y al saco.

Las jornadas comienzan aquí muy pronto, son las 5 de la mañana, el cielo jalonado de estrellas y el viento dando los buenos días a su manera. Desayunamos, pasamos por el WC, de forma ordenada, nos ponemos los arreos y con el cuerpo aún dormido damos comienzo la segunda jornada. Travesía al refugio de Trient por el collado de Chardonett y la Fenetre de Saleina. La primera parte es un descenso que nos deja helados, y necesitamos de un buen rato para calentarnos y un par de buenos sorbos de té calentito. Ponemos pieles, con estas temperaturas están congeladas y cuesta mucho calentar la tabla para fijarlas, comenzamos el ascenso del collado de Chardonett (3323mts). El viento sigue haciendo de las suyas y borra todas las huellas que Fernando y Oscar, con tanto ahínco, van abriendo. El sol y con él los primeros rayos nos alcanzan poco a poco y la sonrisa se va haciendo mayor. Fernando y Oscar debieron desayunar algo diferente esa mañana o tenían el viento a favor, porque llegaron al collado 20 minutos antes que el resto. Una vez arriba montamos el rappel para descender a la otra vertiente, vertiente ya en la parte Suiza.
Como siempre un descansito breve para hidratar, fundamental, comer algo y continuar la marcha. Afrontamos el segundo paso del día La Fenêtre de Saleina, al principio con esquís pero a mitad el sentido común hizo acordarnos de esos crampones charlett-mossett que porteábamos en la mochila. Una vez arriba y con la agradable vista de la Aiguille du Tour bajamos al Plateau du Trient. Este es sin duda uno de los lugares más mágicos que jamás haya visto. El refugio parece sacado de las antiguas leyendas de montañeros. Éramos los únicos en el refugio junto a cuatro suizos más y el guarda. Todo era tranquilidad. El Tiempo estaba atrapado en aquellas cumbres. Sentados a la puerta de aquel escaparate, reíamos como niños asombrados, y la puesta de sol nos rozaba la mirada.
De nuevo diana muy prontito y mañana gélida. Hoy la jornada nos llevaría hasta el refugio de Mont Fort (2457mts). Utilizaríamos todos los medios a nuestro alcance, además de las tablas, anduvimos, taxi compartido, remonte, otro remonte, el mismo remonte porque nos equivocamos... Una vez en el refugio se nos pasaron todos los males al ver la cena que nos habían preparado. ¡Cena a la carta! Por cierto del mal tiempo ninguna noticia. Este refugio es importante por dos razones: una porque es de lujo, incluso dispone de duchas, y la otra porque aquí se terminaron las tortas de algarrobo caducadas que Antonio llevaba como alimento básico. A partir de aquí la AR se vuelve más salvaje, más auténtica si cabe, las travesías son más largas y donde se acumula el mayor desnivel.
4:30Am, suena el bip bip bip...arriba compañeros solo nos quedan nueve horas de ruta. Con una luna que nos saluda a cada paso y un manto de estrellas por techo comenzamos la jornada. El amanecer llegó a su hora y nos alcanzó en el collado de Momun (3003mts), justo en el momento en el que el Mont Blanc y los Grandes Jorasses se alzaban en nuestro horizonte. Un tentempié, té calentito y la ascensión a La Rosablanche (3336mts). Descenso por su arista sur y la mejor nieve polvo de todos los días, a punto estuvimos de poner pieles y subir de nuevo. De aquí al refugio de Dix (2928mts) aún quedaban 4 horas.¡ Buena excusa! Los guardas de este refugio son de esas personas que merecen conocerse y compartir con ellas algo más que una simple cena. Me cambiaron una fijación completa que se me partió al día siguiente al descender del refugio y todo por la cara...¿? Les debo más que un simple agradecimiento.
El quinto día comenzó tarde por el desafortunado incidente de la fijación, pero lo importante es que comenzó. Nuestra siguiente meta el refugio de Vigentes. Habíamos leído mucho acerca de él. Pero nada más real que la experiencia propia. ¿Inolvidable? Efectivamente será inolvidable. Pero antes de llegar al refugio hay que hacer cumbre en el Pigne D´Arolla (3796mts), y desde aquí otra maravillosa bajada de nieve polvo, y bajamos, bajamos y seguimos bajando hasta darnos cuenta que habíamos bajado demasiado. Así que pieles y de nuevo a subir, a subir hasta el collado de Vignettes. La llegada al refugio es todo una experiencia y así será también cuando tengamos que dejarlo al día siguiente. El último tramo es una arista en donde el viento nunca deja de soplar, y si bien no tiene gran complicación técnica es un auténtico ejercicio de equilibrista el que el viento no te tire por ningún lado. A eso le sumas -18ºC, una ventisca que no ves por donde te vas a caer, una montañera bloqueada en mitad de la arista, y Fernando gritándome no sé qué... hacemos aquí, pues nada es para no olvidarlo. Aquella noche reímos, y cenamos mal pero nos dio igual, porque nos quedaban dos experiencias más por vivir. Una sería la jornada del día siguiente, ¡3000mts de descenso!!; la otra sería aún en este refugio y sería a la hora de ir al WC. Entre las zapatillas de goma, el frío, el viento, el hielo y que el baño está en otra arista, todo era un poema, sobre todo cuando te cruzabas con otro y mirabas con cara de decir "venga majo échate tú al lado del tajo que tú ya vienes de vuelta y si te caes ya tienes los deberes hechos." (Contado así parece una historia de Al filo de lo Imposible).

Stockjigletscher, este es el nombre del Glaciar que descenderíamos esa mañana. Pero antes una subida al Collado de Valpelline y la sorprendente vista del Matterhorn. Imposible describir con palabras aquel espejismo, esa elegancia de quien se sabe único. Todo el descenso se realiza con él como espectador privilegiado, hasta llegar a Zermatt, donde como buenos y agradecidos montañeros brindamos con unas cervezas suizas y le dedicamos este sueño a nuestra Virgen de Las Nieves. Simplemente GRACIAS.

Guillermo Sáez (Guille) Club Mulhacen