Una
ascensión al Djebel Musa.
Aquélla
mañana de principios de febrero un suave "chergui"
acumulaba nubes en la cima del Djebel Musa. Precisamente la constancia
durante las últimas semanas del viento de Levante o "chergui",
nombre este último con el que lo conocen los rifeños,
había hecho que temiéramos por el éxito de nuestra
ascensión. El viento de Levante, ese temible elemento de las
tierras y aguas del Estrecho, propicia la formación de nubes
de condensación y hace que gran parte de las montañas
de la zona queden cubiertas por un gran sombrero de nubes. Este fenómeno
y las particulares características físicas y climáticas
del Estrecho hacen que la zona tenga un microclima particular difícil
de predecir. Un particular clima que beneficia a las montañas
de una y otra orilla propiciando en sierras como las que rodean a Algeciras
la existencia de extensos y complejos bosques con vegetación
impensable por estas latitudes.
El
Djebel Musa me había llamado la atención siempre, desde
aquélla primera vez que pisé Marruecos, en la ya lejana
primavera de 1980, en lo que supuso todo un viaje iniciático.
Allí estaba esa montaña, soberbia, descomunal, esbelta
sobre las aguas del Estrecho, presidiendo solemne las primeras tierras
de Africa que descubríamos. En aquel viaje buscábamos
ansiosamente las alturas del Atlas y el Musa no sería más
que un pequeño referente.
El
Djebel Musa supone la punta más occidental de la cordillera del
Rif, una vasta cadena de montañas que corre paralela al Mediterráneo
desde Melilla hasta Tánger. Se trata de una cadena de montañas
con características físicas, climáticas y geológicas
similares a las cordilleras Béticas a las que probablemente estuviera
unida en tiempos remotos. Jean Sermet, el destacado hispanista y geógrafo
francés en su magnífico libro "La España del
Sur" nos dice: "Si desde la carretera de Algeciras a Tarifa
ya no vemos en el Estrecho de Gibraltar más que un río
animado por la navegación, nos impresionarán los argumentos
de los naturalistas que tienden a demostrar la continuidad de Marruecos
y de Andalucía.
A ambos lados del mar de Alborán, encerrado en el arco misterioso
de las columnas de Hércules, las mismas montañas, las
mismas rocas, las mismas estructuras. Identidad de faunas, llamadas
bético-rifeñas, incluida la de los monos, todavía
presentes en Gibraltar como en las Cábilas de Rif. Las mismas
magníficas coníferas, reliquias de una época más
fría; pinsapos andaluces de Ronda y cedros rifeños de
Ketama...".
El
Rif está bien diferenciado del resto de las montañas de
Marruecos e incluso de las propias características físicas
y también culturales del resto del País. El histórico
"Pasillo de Taza", al sur de la cadena, diferencia claramente
lo que es el Marruecos eminentemente "africano" -desde aquí
y hacia el sur- de lo que es el Marruecos del norte, de ambiente mediterráneo.
Las montañas del Rif alcanzan su máxima altura en el Tiderhine
o Tidiquín, - 2.452 mts.- , una fantástica montaña
que se levanta sobre los bosques de cedros de Ketama. Por debajo del
Tidiquín y a lo largo de unos trescientos kms. de cordillera
de Este a Oeste se alzan multitud de picos por encima de los 1.500 mts.
y otros muchos por encima de los dos mil. Encerrados valles de difícil
acceso donde se cultiva la mandanga verde, extensos bosques de abies
pinsapo maroccana, de cedros, alcornoques, encinares, quejigos, cañones
y barrancos, pequeñas aldeas y cábilas perdidas...hacen
del Rif nuestra última frontera de exploración montañera.
Pero
hoy, lo que me trae a estas páginas es nuestra ascensión
al Musa, ese farallón de roca que se alza majestuoso sobre el
Estrecho. Alcanza una altura cercana a los 900 mts. y junto a conocido
Peñón de Gibraltar formaba lo que en la mitología
se conocieron como las "Columnas de Hércules". Una
montaña sin duda mítica e histórica pues ha presidido
la ajetreada historia de este pequeño pedazo de Planeta, de ese
paso milenario desde tiempos inmemoriales.
Una
montaña tras la frontera.
Desde Ceuta nos vamos hacia la frontera con Marruecos. Las autoridades
españolas han "blindado" últimamente esta parte
de la frontera. Una gran verja corre paralela al perímetro del
territorio de Ceuta. Aquì, en el paso de Ceuta hacia Marruecos
apenas deja lugar para que el autobús a duras penas atraviese
hacia la zona marroquí, donde se agolpan los destartalados y
mugrientos puestos de la policía y aduana. Hay poca gente y pasamos
pronto respirando por fin aire libre. Las fronteras, cualquier frontera,
siempre son la pesadilla del viajero en cualquier parte del mundo; un
viajero expuesto siempre a la terrible ociosidad del aduanero de turno.
Desde el pequeño pueblo de Fnidek -antiguo Castillejos- tomamos
la carretera de Tánger que se retuerce pronto en los contrafuertes
de la montaña, subimos un pequeño puertecillo que nos
da acceso a un pequeño valle poblado de alcornoques. Por encima
de nosotros se yergue impresionante nuestra montaña. Desde el
autobús y a los lejos veo casi volcado en el bardo el Land Rover
que nos hace de guía. Este Land Rover va conducido por Alberto,
responsable de Kelti, una joven empresa de turismo activo con sede en
Tetuán. Cuando nos acercamos vemos que, efectivamente, el Defender
está desafiando peligrosamente la ley de la gravedad. Alberto
ha tenido un ligero descuido que le ha llevado a meterse literalmente
en el terraplén y el vehículo está escorado peligrosamente
y sin posibilidad de salir por sus propios medios. Pero, en esos azares
que milagrosamente se producen siempre en los caminos de Marruecos,
y de los que los que llevamos años de vagabundeo por estas tierras
podemos dar fe, llega de repente un convoy militar que se dirige hacia
las costas de la zona. Pronto la milicia se presta a ayudarnos y remolcan
el Land Rover poniéndolo por fin en posición horizontal.
Todo ha quedado afortunadamente en un susto y en una anécdota.
A poco nuestro autobús ya no puede continuar y ansiosos podemos
pie a tierra.
Comenzamos un agradable paseo que nos lleva en descenso hacia la pequeña
aldea de Bel Younech. Esta pequeña población se encuentra
recostada bajo la enorme ladera del Musa, situada casi al nivel del
mar y presidiendo una pequeña y dulce bahía. Una bahía
situada a la espalda de Benzú -la última playa de Ceuta
por esta zona- donde descansan algunas grandes barcazas , probablemente
para el "servicio" del paso del Estrecho más que para
la pesca. Y es que, la otra orilla está ¡tan cerca!. Cuando
el soberbio paisaje que nos rodea nos invita a disfrutar de una gran
jornada de montaña y mar, no puedo dejar de pensar aunque sea
desde mi mente acomodada lo injusto de los últimos tiempos en
esta zona del Estrecho, la cantidad de personas que han perdido su vida
y los que menos sus ahorros en la azarosa travesía del Estrecho
en busca de nuestro falso paraíso.
Bel
Younech responde al discreto encanto de lo mediterráneo. Un grupito
de casitas blancas, higueras, acebuches, huertos que se recortan sobre
el azul del mar. Vamos siguiendo a Munnir, Mohamed y Alberto, ellos
son los guías que nos van a descubrir esta montaña. El
sendero atraviesa el pueblo y pronto supera unas fuertes rampas haciendo
unas lazadas. Tenemos más de ochocientos metros de desnivel hasta
la cima. El camino es fantástico, la caliza gris, el verde de
los prados y al fondo el azul del mar hacen del lugar un paraíso
para caminar. Tenemos los ojos puestos en un collado que nos va a dar
acceso a la arista somital, paramos para descansar y tomar algo mientras
nos extasiamos con el paisaje. Estamos ya altos y vemos una gran panorámica
del Estrecho y de las costas de la Península Ibérica:
vemos las playas de Getares, la Bahía de Algeciras, Tarifa...las
Sierras de Luna, el Peñón de Gibraltar y grandes montañas
del sur de España como la Sierra de las Nieves, los Reales de
Sierra Bermeja...
Algunos quedan aquí de descanso y el resto, los más, emprendemos
la subida a la cumbre. Progresamos por rocas -ya sin sendero- y aunque
de ascensión fácil hay que extremar la precaución
y tener cuidado de no lanzar piedras. La pendiente es fuerte en algunos
tramos y a veces parece que "volamos" sobre el mar que queda
ya muy abajo. En algo menos de una hora desde el collado alcanzamos
la cima. La emoción nos invade. Es verdad que he estado en otras
muchas montañas y en otros muchos países, pero cuando
pongo los pies en la cima del Musa hay algo misterioso que me invade.
Es sin duda la fuerza de la historia la que marca este momento mágico,
¿cuántos vigías, fenicios, romanos, moros... habrán
compartido como yo lo hago ahora el calor de estas hermosas piedras
de caliza gris?.
Las
ruinas en piedra de una antigua mezquita descansas sobre un templo romano,
ellas son las testigos mudas de este soberbio paisaje. La panorámica
no puede ser más hermosa: hacia el norte las costas andaluzas
y por encima de ellas toda la sucesión de cumbres penibéticas
hasta Sierra Nevada que divisamos, pequeña y blanca, en la lejanía.
Hacia el este y al sur el Rif se muestra en toda su grandeza, el Djebel
Kelti, de 1949 mts. se descubre en el horizonte. Abajo, a pico, la ruta
por donde hemos subido y sus hermosísimos acantilados, el espigón
costero donde se asienta Ceuta... Aquí, en este rincón
africano, se abre un nuevo mundo de montañas para nosotros, las
montañas del Rif.
DJEBEL
MUSA. Datos Prácticos.
El Djebel Musa está situado en la punta más septentrional
de Marruecos. Forma junto con el Peñón de Gibraltar lo
que en la mitología se conoción como "Columnas de
Hércules". Si venimos las provincias más al sur de
Andalucía es una excursión factible para realizar en un
largo fin de semana. Así lo programó el Club al que pertenezco;
el Sierra del Pinar, con sede en Jerez. Tanto éxito tuvo esta
salida que en dos fines de semana diferentes salieron grupos de cincuenta
personas.
Se puede tomar el primer "ferry rápido", de la Compañía
Buquebús con salida de Algeciras a las 07,00 hrs. En Ceuta nos
esperaba un bus que nos llevó al comienzo de la excursión.
La ascensión parte del pueblo de Bel Younech. Se emplean unas
dos horas y media en alcanzar el primer collado, desde aquí a
la cumbre aún nos resta casi una hora. El almuerzo se puede realizar
en la propia cima o bien cuando regresemos al collado. Desde aquí
y para realizar un recorrido circular bajaremos por unas fuertes pendientes
por el lado oeste de la montaña justo hasta la costa. Un idílico
sendero colgado sobre la cornisa litoral nos llevará de nuevo
hacia Bel Younech en dos horas y media más de recorrido. Desde
este fantástico sendero observaremos la pequeña "Isla
del Perejil o de Laila", refugio de aves, todo un sublime paraje.
Al final de la tarde y en nuestro caso nuestro bus nos llevó
a Tetuán, localidad donde pasamos la noche. Una agradable cena
para todo el grupo realizada en un palacete de la medina fue un buen
pretexto para saborear la gastronomía del País, compartida
con las autoridades turísticas de Tetuán, que interesadas
en la promoción del senderismo en el Rif, nos agradecieron nuestra
iniciativa.
Direcciones útiles:
CLUB MONTAÑERO SIERRA DEL PINAR. Aptdo. 556 JEREZ.
ALVENTUS VIAJES.. 95 421 00 62 alventus@alventus.com
KELTI RUTAS. Tetuán
Faustino
Rodríguez Quintanilla.
Socio del Club Montañero Sierra del Pinar.