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1ª ASCENSIÓN DOS HERMANAS-MULHACEN 2005 (Club de Senderismo Señal y Camino)



Bajo éste título voy a narrar las vivencias y andaduras de un grupo de dieciséis senderistas en nombre del Club de Senderismo “Señal y Camino”, por rutas de alta montaña del P. N. Sierra Nevada, con un solo objetivo programado y cumplido: coronar en nombre de nuestra ciudad la máxima altura peninsular el Mulhacén con 3.482 m.
Ante todo quisiera mencionar que este proyecto ha sido realizado con la colaboración del Patronato Municipal de Deportes de Dos Hermanas, agradeciéndole el apoyo y confianza a éste club en todo momento en los proyectos realizados y venideros.
Los días elegidos fueron el puente del día del trabajador de Mayo de 2005, tres días de los que se emplearon dos para ida y vuelta y uno para el objetivo marcado.
Tras recoger a los dieciséis participantes, cuatro de Montequinto, uno de Sevilla y los once restantes de la ciudad anfitriona, el autobús se encaminó hacia Capileira (Alpujarra Granadina) donde una vez allí nos dejaría en el área recreativa y de control “Hoya del Portillo” a 2.150 m.
Desde aquí parten diversos itinerarios tanto a las altas cumbres como a los pueblos del entorno.
Tal y como marcaba lo programado, desde el área nos dirigimos hacia el Refugio del Poqueira (2.500 m.). Echándonos a la espalda el gran mochilón y con un solo propósito, llegar cuanto ántes al destino. El trayecto nos permitió adentrarnos en la espectacular cabecera del Barranco del Poqueira coronada por el Mulhacén.
Iniciamos el camino a espaldas del punto de información por una vereda que se adentra en un pinar repoblado con pinos silvestre y después de unos minutos salimos al cortafuego que sube a Puerto Molina, un excepcional mirador del barranco. En este mismo cruce decidimos almorzar.
Seguimos por la vereda dejando el pinar a la derecha y hacia el refugio visible durante gran parte del trayecto. La vegetación que nos encontramos estaba compuesta entre otras por el piorno amarillo, tomillo, festuca…
Esta ruta no presentaba mucha dificultad y según indican muchos libros, la duración de este itinerario no supera las dos horas y media aproximadamente, aunque en las condiciones en las que íbamos con el gran mochilón con lo preciso, más el agravante de haber comenzado a las trece horas, se nos hizo un poco pesada, llegando los últimos compañeros a las seis de la tarde al refugio.
Durante el camino notábamos como la temperatura del lugar no tenia nada que ver con lo que estamos acostumbrados, mientras se avanzaba hacia el dichoso refugio e íbamos ganando altura el ambiente era más fresco y las vistas impresionantes, la mayor parte del camino tuvimos delante nuestra toda la cordada de tres miles del suroeste del parque, desde el Cerro del Caballo, los Tajos de la Virgen, el inconfundible Pico del Veleta, el Cerro de los Machos y nuestra meta para el día siguiente: el Mulhacén. Todos éstos con algo de nieve, no mucha debido al deshielo por la fecha primaveral.
Una vez llegado al susodicho refugio nos asombramos de la cantidad de montañeros que hasta este lugar habían llegado de todas partes de España e incluso del extranjero. Rafael, el guarda del refugio nos comentó que se encontraba desbordado de personas. Aunque teníamos la reserva para dormir en litera desde un mes atrás, no pudimos alcanzar ninguna teniendo que dormir en el suelo con el correspondiente aislante y saco.
Tras una suculenta cena montañera en el primer turno, cada uno fue buscando hueco donde pudo, varios pudimos hacer hueco en una de las habitaciones que precisamente se llamaba “habitación 5 Mulhacén” y los que no encontraban nada a gusto del consumidor esperaron a que terminaran de comer el segundo turno para despejar el comedor y convertirlo en una gran habitación improvisada.
A la mañana siguiente y no siendo más de las seis y cuarto, ya tocaban diana los demás grupos, parecían que la montaña iba a desaparecer de allí y querían llegar cuanto antes. Aunque nuestro grupo marcó la hora de salida a las ocho y media, no tuvimos mas remedio que levantarnos y preparar las mochilas pequeñas. Después de asearnos y desayunar el grupo compuesto por trece de los dieciséis iniciales (ya que tres compañeras se encontraban doloridas de la mala noche pasada) nos reunimos en la puerta del refugio. Cinco de ellos impacientes comenzaron la marcha hacia la cima, contagiados por todos los demás montañeros que marchaban con rapidez. Los restantes esperamos a los más rezagados en el desayuno. Una vez reunidos partimos con un solo propósito, arañar el cielo peninsular.
Ocho y cuarto y damos los primeros pasos iniciando la primera conexión con el grupo aventajado a través del walki, estos nos responden que iban muy animados, ya que la subida por el Río Mulhacén parecía una romería. Tras unos cientos de metros llegamos al barranco del Poqueira por donde fluía el río Mulhacén y enfilamos río arriba, comprobando lo que nuestro compañero Manolo Rivas nos había dicho antes.
La subida no es nada fácil, pero no imposible, solo hay que echarle valor y muchas ganas de llegar al vértice. Durante la ascensión por el río no podíamos quitar la vista de las montañas que nos rodeaban y del deshielo de sus cumbres, que bajaban rápidamente por los arroyos que alimentan al río Mulhacén. Aunque la vista a estas alturas no tiene nada que ver con los bosques frondosos, florecillas de colores, etc.. todo lo contrario, de aspecto rocoso y muy seco, ¡pero tiene su encanto!.
El tiempo nos acompañó en todo momento, nada de calor y un poco de aire fresco, consecuente de esta altitud. Llegando al carril que atraviesa toda la sierra y base del macizo para la subida a la cumbre, descansamos un poco cerca del refugio de la Caldera, sólo nos quedaba el último tramo más peliagudo. Una fuerte subida agravada por una inclinación considerable, más las fuerzas algo mermadas y la falta de oxigeno a esta altitud, nos hacia prever que se iba hacer de rogar la montaña. ¡Así fue!
El grupo aventajado ya había comenzado la subida y nosotros llegados al carril vimos como nuestra compañera Mª José y Manolo Rivas (del grupo aventajado) se habían vuelto a mitad de ella, por falta de aire, nosotros la convencimos para que lo volviera intentar de nuevo. Comenzamos todos en un solo grupo, pero en poco tiempo éste se fue dilatando, debido a éstas alturas del recorrido y en éste fatigado tramo, cada uno tenia que demostrar a sí mismo su capacidad y tenacidad.
La cumbre se nos hacia interminable por más que miraras hacia arriba, nunca veías el final. Las paradas eran más frecuentes, en cada una de ellas te giras para observar que todo lo que te rodeaba empezaba a estar por debajo de ti y sin dudas las vistas eran inmejorables e inéditas.
Se acercaban los últimos metros del final, la cumbre estaba más cerca y con ello la coronación del techo de nuestra península, el MULHACEN con 3.482 metros de altura. Lugar insólito y ambicioso por cualquier montañero o persona aficionada a la montaña o naturaleza de aventura.
La interminable subida ya llegaba a su fin, que no era el final de la ruta, porque todo esto acaba cuando llegas al punto de partida sin incidente alguno. Acercándome al final, se encontraban, bien descansados el grupo aventajado compuesto por J. Miguel Rubio, Ángel Marín, Rafael Prieto (este nos adelantó en el tramo final) y con la cámara de video grabando la llegada bastante fatigada de cada uno. En poco más de veinte minutos fueron llegando todos, el último compañero llego a las 12:20 h.!!!OBJETIVO CUMPLIDO¡¡¡.
Aunque la climatología nos acompañó en todo momento tuvimos que colocarnos el cortaviento porque corría algo de aire -era de esperar-. Ya todos juntos nos reunimos alrededor del punto geodésico y a una especie de ermita con algunas flores y amuletos depositados por todo aquel que sube, para realizar las pertinentes fotografías de recuerdo, varias en grupo y la pancarta con el emblema “1ª Ascensión Dos Hermanas-Mulhacén 2.005” y después cada uno en solitario.
Tras éstas, unos buscaron algún recodo para almorzar algo, otros abríamos lo ojos y concebimos lo que abarcaba nuestra vista, podemos cerciorar que por unos instantes la península ibérica estaba por debajo de nuestros pies.
Mientras se nutrían algunos, otros decidimos bajar a la Caldera para hacer lo mismo pero más tranquilos y descansados. La vuelta la realizamos por el mismo lugar, llegando como he mencionado antes al refugio de la Caldera. Situado a 2.080 m. de tipo cilíndrico y muy bien equipado con literas y una mesa, pero sin luz y sin agua (equivalente a un hostal, como algunos montañeros dicen). Mientras comíamos, no dejaban de acercase la cabras monteses, acostumbradas a la comida de los transeúntes, que no son pocos.
Ya todos reunidos de nuevo continuamos el descenso por el mismo río, algunos fueron cogiendo carrerilla y otros decidimos bajar más tranquilos para disfrutar de todo, del deshielo, de las cumbres tres miles a medio nevar, de las cabras y cabríos monteses en su hábitat, del recorrido en sí; por que no todos los días realiza uno esta ruta-aventura.
Llegados al refugio nos fuimos directamente a la ducha, y a continuación fuimos acomodando los sacos en las literas que ese día pudimos disfrutar gracias a la gestión de las Lola, Loly y Mari, compañeras que no ascendieron. En la cena del primer turno, igual de suculenta que la noche anterior y quizás cogida con más ganas, fue un coloquio sobre las sensaciones vividas durante el día y no siendo más de las ocho y media nos fuimos marchando a las respectivas literas, ¡¡¡deseados por todos!!!, en la “habitación 5 Mulhacén”.
A la mañana siguiente no hubo más remedio que preparar los mochilones para el regreso, el bus nos tenia que recoger donde nos dejó el primer día. Todos en la puerta preparados para partir, nos retratamos por última vez y emprendimos el camino de vuelta. Comenzaron a caer algunas gotas de agua, pero no le dimos mucha importancia porque veíamos como se formaban las nubes y la dirección que llevaban, ¡¡¡totalmente equivocados!!!, a poco de llevar trescientos metros comenzó a llover. Cada vez con más fuerza y no nos podíamos volver porque el bus tenía que recogernos a la hora programada. En fin, cada uno se colocó el impermeable como pudo y cogió el camino a marcha forzada. De la lluvia se pasó a una granizada increíble, pero nosotros aguantamos el tirón. El grupo de alargó mucho, llegando cada uno a tiempos distintos a la Hoya del Portillo.
Lo cierto y verdad que no pudimos disfrutar del sendero de regreso, aunque las panorámicas que teníamos eran maravillosas.
Llegados al lugar, nos secamos y colocamos ropa seca, al poco tiempo y viendo que no llegaba nuestro bus, pasó el microbús del P.N.S. Nevada (el cual realiza subidas hasta 2.700 metros y daba una charla para conocer un poco más sobre el parque) decidimos coger éste, encontrándonos el nuestro a mitad de camino y no pudiendo subir más por el fango de chaparrón caído.
Ya en Capileira hicimos el trasbordo y retornamos la vuelta, realizando una parada en el pueblo de Órgiva, algunos para tapear y otros para zamparse el típico plato alpujarreño -servidor-, ya que todo había salido según lo programado y sin incidentes.

Conclusiones: en primer lugar -objetivo cumplido- el nombre de Dos Hermanas lo habíamos llevado a la cúspide de la península ibérica, con la colaboración del Patronato municipal de deportes de Dos Hermanas.
Tener en cuenta que la alta montaña se comporta como tal y hay que ir prevenido para las cuatro estaciones del año. Nunca sabes lo que puede ocurrir y no salir solo, dejar dicho donde vas y que tiempo vas a esta fuera.
Y por último y quizás lo más extraordinario, son mis compañeros del club, porque han demostrado mucho valor, coraje, entereza y acoplamiento al realizar esta aventura; teniendo en cuenta que el más mayor era Fernando con setenta y un años, pasando por Pilar con sesenta y dos o su marido Santiago con sesenta y sin olvidarme de los demás; hasta llegar al más joven del grupo, servidor (treinta y uno). Culminado el propósito proyectado por el club.

La ciudad de Dos Hermanas ha estado en el Mulhacén, techo peninsular 3.482 metros.

Víctor Manuel D.
C. Sen. Señal y Camino.

 
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