La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha declarado el año 2002 como Año Internacional de las Montañas, teniendo entre sus objetivos la conservación de los ecosistemas de montaña, la protección de las culturas montañesas y la promoción del desarrollo sostenible de sus poblaciones. Las actividades realizadas con ocasión de este Año Internacional de las Montañas han de tomarse como impulso para continuar con otras en años venideros.
Los montañeros de todo el mundo que desde hace dos siglos recorremos las montañas con finalidades científicas, de exploración o deportivas, conocemos que las montañas constituyen reservas de biodiversidad, de diversidad cultural y de paisaje, que se trata de ecosistemas frágiles y que muchos de los efectos de la acción humana en forma de erosión, contaminación de las aguas, cambio climático, desarrollo urbanístico desmesurado o pérdida de valores culturales, se dejan sentir de forma especial en estas zonas sensibles.
Los montañeros hemos contribuido a divulgar el conocimiento de las montañas y de sus bellezas naturales, pero también a poner de manifiesto las condiciones de aislamiento y de pobreza de muchas comunidades de montaña. El montañismo, consolidado como actividad tradicional, ha contemplado la despoblación de muchos territorios, y a la vez ha impulsado la puesta en valor de algunas zonas de montaña en un marco de convivencia entre la vida y la cultura de los montañeses y la práctica deportiva del montañismo.
Aunque la protección de las montañas es compatible con un uso y disfrute racional, se ve afectada en los últimos años por prohibiciones y limitaciones a la práctica del montañismo que, en demasiadas ocasiones, carecen de justificación científica. Las prohibiciones de acceso a la montaña y las limitaciones a la práctica deportiva se han extendido en muchas ocasiones sin mediar el consenso previo con los montañeros y montañeses, y esta situación supone por un lado una merma de nuestros derechos constitucionales y por otro un freno al desarrollo de un recurso sostenible para los municipios ubicados en zonas desfavorecidas de montaña.
Pensamos que la necesaria conciliación entre uso público y protección del medio ambiente, entre intereses conservacionistas y disfrute del medio natural no debe realizarse mediante prohibiciones sino regulando las actividades relacionadas con el deporte de montaña y escalada de forma completa, estudiada, reflexiva y sistemática en cada espacio natural. Sabemos qué queremos: regulación y no prohibición. Y libertad siempre que sea posible.
La madurez del movimiento asociativo montañero a través de clubes y federaciones autonómicas integradas en la FEDME ha ofrecido, a lo largo de su ya dilatada historia, numerosos ejemplos de sensibilidad hacia la problemática ambiental de las montañas, mediante la salvaguarda de espacios naturales y patrimonio cultural asociado, campañas de protección, solicitudes de protección para territorios en peligro, etc. Es el momento de que los organismos que administran los espacios naturales protegidos y ordenan el territorio de montaña reconozcan de forma clara y activa a las Federaciones Autonómicas de montañismo como interlocutores válidos y necesarios para la cogestión de sus actividades deportivas en las montañas protegidas.
En resumen, en este Año Internacional que terminamos los montañeros reivindicamos un uso responsable de la montaña que permita preservar nuestro valioso patrimonio natural y cultural, convencidos de que la actividad deportiva es compatible con la conservación de la naturaleza, y más en concreto con la declaración y gestión de Espacios Naturales Protegidos. Los montañeros deseamos alcanzar el más amplio consenso sobre los usos y los valores de los territorios de montaña, sobre la actividad humana y sobre el desarrollo sostenible, ayudando con nuestras aportaciones a mejorar la calidad de vida de los montañeses participando a través de nuestras entidades asociativas, que son los clubes y federaciones. Proclamamos nuestro derecho a acceder libremente a las zonas de montaña y a practicar deporte en las condiciones de seguridad adecuadas, a no sufrir más limitaciones que las estrictamente justificadas, y a disponer de una red de refugios, de senderos y de equipamientos de escalada en las condiciones de seguridad y de prestación de servicios que los ciudadanos requieren hoy en día.
Avalados por nuestra propia historia, los montañeros deseamos colaborar activamente en las políticas de conservación y desarrollo de las zonas de montaña, en los órganos de participación y gestión de los espacios naturales protegidos y en los procesos de elaboración de sus normativas específicas.
Año Internacional de las Montañas, en Madrid, a 14 de diciembre de 2002, fecha en la que los montañeros muestran su solidaridad con la población de Galicia, víctima de la marea negra originada por el buque Prestige.